jueves, 6 de diciembre de 2012

Noche de Halloween



Parejas: Gerard Way/Frank Iero.
Autor: Umbrella
Advertencia: Universo Alterno, Muerte de Personajes. 


 



Capitulo único.


Las manecillas del reloj marcaban a cada segundo el pronto final de su tortura interior, cada tic tac era una muda invitación a dejarse caer en la locura de su agobiante espera, llevaba ya varias horas metido entre las cuatro paredes de su habitación, en penumbras apenas visualizaba la hora que marcaba su reloj de pared, con ese sonido ensordecedor que a su parecer podía llegar a sacar de sus casillas a cualquiera o solo a alguien como él, que no sabía que era peor, si la demora del tiempo la cual se le hacía eterna, para poder remediar su error al lanzar ese pequeño e inocente encantamiento o esas incalculables ansias por verle cara a cara de nuevo. 

El solo pensarlo le revolvió el estómago, las punzadas empezarían de nuevo y ya se comenzaba a cuestionar si sería capaz de hacerlo, si su poca confianza y la auto fuerza que había logrado acumular estos días sería suficiente. 

Pero nadie le había obligado hacerlo, la culpa era todita suya. Y el odio en esos ojos tan perfectos y redondos era el peor castigo que podía sufrir su persona. Todas esas agujas inyectadas de veneno y asco eran dirigidas enteritas hacia él, solo para él.  Y vaya que dolía, era inimaginable cuánto daño podía hacer una sola mirada. Ni las burlas o la misma indiferencia causaban tal efecto, las prefería a esto.

Espero que hoy deje de doler

Un inusual sonido le alejo momentáneamente de sus pensamientos, ausente escucho la voz de su madre en el piso de arriba, llamándole. Como pudo se levantó sin trastabillar en la oscuridad que rodeaba el lugar  alumbrado apenas por la luz de una pequeña vela a medio derretir.  

Parpadeo varias veces al caer en cuenta de lo colorida que se encontraba el interior de su casa, y no dudaba que el exterior se encontrara en las mismas condiciones. Los colores violeta, anaranjado y negro se encontraban al ras de las extravagantes decoraciones que su madre con tanto esmero había colocado por todo el lugar.  Algunas de ellas le causaban risa por lo infantiles que resultaban, moldes en forma de fantasmas fueron cortados en papel brillante, murciélagos  y las famosas calabazas  no podían faltar, todas en un mudo tributo a la celebración de ese día. 

Una  pequeña sonrisa se logró colar de sus labios, los cuales ya se encontraban secos y marchitos por la presión que hubiere estado ejerciendo en estos esa tarde.
Hoy es su cumpleaños-recordó con agonía.

Halloween era la festividad tan esperada por muchos adolescentes de la pequeña comunidad de Warre Valley en Ohio, lo venían comentando desde fines del mes de septiembre. Era el tema más conversado, controversial y de moda de todos los chavos de su escuela. Para esta fecha tenían preparado algo inusual que fuera completamente diferente a como venían celebrando tradicionalmente esa fiesta.  

Y no le compre ni un regalo.-Suspira cansado.

El pequeño niño de cabellera castaña, mieles cubiertos por unos finos lentes graduados, disfrazado de pies a cabeza por un disfraz de un inocente y angelical querubín, jala un extremo de su chaqueta de cuero negra, tratando de llamar la atención del mayor.

-¡Gee!, ¡Gee! –da pequeños saltitos para ser visto por su hermano, que ese día se ha comportado muy extraño, ha estado distante y frio, ni siquiera un besito de buenos días obtuvo de él. Y eso le ponía molesto y resentido.

-¡Hey!- sonríe al verlo con ese disfraz, su pequeño hermanito luce muy tierno. Le toma en brazos con cuidado de no estropear las enormes alas blancas que sobresalen de sus costados. –Así que eres un angelito, pensé que te disfrazarías de algún monstruo 
o algo parecido, no todo lo contrario.

Lo más seguro es que el lleve esa mascara de Frankenstein que usa siempre para estas fechas, como en años anteriores.   

-Mami lo compro, ¿te gusta?-la cantarina voz de su hermanito hace eco en su cabeza, sacándole momentáneamente de esos efímeros pensamientos, que no hacen otra cosa que pensarlo a él. Sonríe al ver  a su hermanito mover las alas, tal efecto sucede al contraer los hombros   -no te burles, mami dice que me veo muy bonito –Infla los cachetes, molesto, mirándole retadoramente, como el nene mimado y consentido que es.

-Yo también lo creo amor, te ves muy tierno-le besa la mejilla para contentarlo. El picarillo querubín sonríe satisfecho, mira a su hermano mayor, este esta vestido con pantalones de mezclilla ajustados, las usuales botas de cuero negras, que le dan ese efectos de piernas largas y estilizadas a su figura, por último la chaqueta de cuero negra como complemento, su vestimenta es totalmente oscura, combinando a la perfección con su cabello azabache ya algo largo.

-¿Porque no te disfrazaste Gee?, no iras conmigo por dulces. –la voz aguda y dulzona del niño se escucha quebrada, con miedo en sus irises al leer la verdad en los verdes de Gerard.

-Emm bueno.. yo ..este - Se trata de explicar, con mucho cuidado para no lastimar los sentimientos del pequeñito, le conoce muy bien como para saber que armara una rabieta de tal tamaño, si no le acompaña  a pedir dulces como en años anteriores.   

-¡Vamos Gerard!, ¿Explícale al niño porque no lo vas a acompañar?

Voltea a su izquierda encontrando a la mujer que le dio a luz y a la que más ama en este mundo, sentada a un escalón de las escaleras que dan a la segunda planta, serena le mira con una pequeña sonrisa cubriendo sus labios, negando con la cabeza. No está de acuerdo con Gerard. Que asista a esa reunión donde los más seguro lo único que encontrara será un montón de adolecentes pasados en alcohol y drogas.

-Tu sabes porque mama, aunque yo quisiera no puedo faltar-dice lo último mirando al niño que molesto se baja de sus brazos y corre hacia los de su madre.

-¿Porque? Acaso hay alguna clase de etiqueta que diga que no puedes faltar. Acaso te apuntaran con un dedo porque no vayas a una ridícula fiesta de Halloween.

-Todos los chicos de la escuela estarán ahí.  Y no pasara nada. –Trata de tomar a Mikey, pero este lo esquiva con los ojos llorosos- Esto ya lo discutimos mama.

-Lo sé y sabes lo que pienso al respecto. Eres mi hijo, no me culpes por preocuparme tanto por ti.

Además estará el ahí, como me pides que no vaya.

-Mami no te preocupes-la mira tiernamente, entiende muy bien que la preocupación de su madre es justificada, tiene que ver con todos los indicios de mala fama que tiene el lugar elegido para la fiesta en la cual piensan encender una enorme fogata como se acostumbra en esos lugares. 

El bosque embrujado lo llaman la mayoría de aldeanos del lugar, otros incluso aseguran que no es el bosque en sí,  el culpable de la desaparición de parejas de enamorados que se escapan a las oscuras laderas del mismo, el cual les brinda en complicidad el espacio  y la comodidad que buscan al perderse en la sombría noche detrás del manto de árboles para no ser vistos.  Las malas lenguas comentan que el enorme lago que habita dormido en completo silencio en la profundidad del bosque es el culpable. El cual como está encantado, despierta en medio de la noche, como una bestia nocturna que atrae y seduce a sus visitantes a nadar en sus aguas cristalinas y tibias. Para luego tragarse  a sus víctimas para escupirlos luego rio arriba. En donde han encontrado restos de partes humanas, completamente mutiladas. Las cuales Gerard está más que seguro que no ha sido precisamente por fantasmas o apariciones los causantes de tales asesinatos.

-Además que podría pasarme-la mira burlón-no hagas caso a todas esas historias tontas que cuentan del lugar.

-Ese bosque se encuentra manchado de sangre, y no me refiero a lo que se dice del lugar. Ahí suceden cosas que aun las autoridades no han sabido explicar.

-¡Bueno ya! No hablaremos más sobre ese tema. Y tu Mikey ya deja el lloriqueo que mamá ira contigo por dulces. –el niño ya se encontraba llorando tirando de su disfraz queriendo quitárselo.

-¡No quiero!, ¡no quiero! –Se tira al suelo, llorando. –¡Quiero ir contigo!-Le grita.

-Ven aquí-lo toma a la fuerza Donna para llevárselo e impedir que destruya el disfraz que con tanto amor le busco, recoge la canastilla que se supone llenaran de dulces, si no quieren que el dulce querubín les haga una travesura.

-Lo sé, ¡eso si es aterrador! –La mira sonriendo, acercándose para despedirse, de un beso-  Y  no te preocupes que ningún zombi se llevara y comerá a tu hijo-Bromea, acariciando bruscamente la cabecita de Mikey, el cual le tira manotadas para apartarlo.

-No es a los muertos a los que hay que temerles hijo, si no a los vivos-Susurra besando su mejilla, deseándole se la pase muy bien, y regrese antes de que amanezca.

~

Dentro de una media hora daría paso a la media noche, su larga espera por fin comenzaba a llegar a su final, el lugar se encontraba a reventar, como se lo había imaginado, ninguno de sus compañeros se quedó en su casa esa noche o en alguna de esas convencionales fiestas de disfraces. Para ser  más precisos toda la escuela se encontraba ahí.  Disfrutando de la calidez de la noche, de la frescura de estar al aire libre, alumbrados por la luz de luna, de la enorme fogata que habían construido frente al lago, y de otras luces artificiales que movieron al lugar, así como las bebidas, la música e incluso la droga no podía faltar, se movía como agua en aquel lugar.

Lo más deplorable de todo, es que nada de eso llamaba ni remotamente su atención. Ni siquiera ver algunas de sus compañeras quitándose la ropa, para meterse con los senos al aire a nadar dentro del lago, burlándose en silencio de todas las creencias que se tenían de ese inmaculado lugar.

Con su mirada cruzo todo a su alrededor, buscando el único objeto que tendría placer de llamar su completa atención, en su búsqueda se topó con varias parejas de chicos ya pasados de borrachos fallándose en plena vista de todo el público, con cara asqueada volteo su rostro  hacia el otro extremo de la fogata.  Tubo que  recordarle al cerebro como se exhalaba e inhalaba, cuando su respiración  se cortó momentáneamente.

Ahí frente a él, se encontraba ese chico que tanto le revolvía el estómago al solo pensarlo. Mirando directamente hacia él, con sus avellanas puestas sobre su persona. Se preguntaba desde hace cuánto lo estaría observando.  Se removió extraño e incómodo en su lugar, si el verlo le causaba vértigo, el que le observara de esa manera nada apropiada le haría caerse de cabeza.

Frank se encontraba sentado en un tronco viejo, que hubieren posicionado antes frente a la fogata. El reflejo rojizo de la luz al alumbrar su rostro le daba un toque escalofriante, con sus ojos fijos en él, sin pestañear o moverlos hacia algún lado. Los chicos pasaban por donde ambos, interponiéndose entre sus miradas, tapando la visibilidad del otro, Gerard deseando que así este apartara su vista de sí.  En cambio 
Frank más la afianzaba, tanto que Way estaba seguro de sentirlo calar hasta la profundidad de su ser.

¿Cómo es que lo hace? ¿Cómo es que yo no puedo?

Y es que no era capaz de sostenerle la mirada de esa manera, siempre que lo miraba directamente terminaba sonrojándose y desviando la mirada nervioso hacia otro lugar. Lo único malo es que en rostro de Iero no había ninguna señal de sonrojo o locura por verlo, su rostro no reflejaba absolutamente nada. Era como una caja vacía, que solo observa eso que se le indica mirar, sin devoción, sin interés, pero que sin embargo le seduce y atrapa, y lo hace no querer apartar la mirada de su objeto preciado.
Tanto me odias que miras de esa manera

Gerard siempre lo supo, Frank siempre fue un hombre misterioso para su cordura,  nunca en todos esos años que cursaron juntos este le hablo, ahora ya en último año, esperaba fuera la misma historia de siempre. Pasar desapercibido por esas avellanas cristalinas  y llenas de vida. Pero de un tiempo acá, algo cambio. Ese chico tatuado, rebelde que solo le habla a cierto grupo social de la escuela, comenzó a seguirlo, a prestarle atención. Siempre viéndolo en clases cuando creía este no se daba cuenta. El nerviosismo y las náuseas comenzaron a ser parte de las rutinas diarias de Gerard durante ese tiempo. Esas bellas avellanas mirándole siempre, pendiente de sus movimientos, era un acontecimiento que revolvía y ponía su mundo de cabeza. ¿Acaso le gustaba? ¿Al menos conseguía provocarle curiosidad? No lo sabía. Este le miraba, pero no le hablaba. Su comportamiento era tan extraño, que incluso le miro siguiéndole a su casa a escondidas. Ya arto de sentirse desfallecer al principio por esas repentinas miradas, con el tiempo solo conseguía ponerle nervioso e incómodo. 

No lo soporto más y un día lo enfrento. Nunca olvidara la forma tan grosera y mordaz como lo tratara esa vez el oji-avellana.

Gerard siempre lo considero una personita encantadora y sublime, por la forma en la que se reía de cualquier cosa sin importancia, o trataba a la vida sin hacerse tantos problemas, mirando siempre lo positivo de las cosas. Envidiaba en secreto a todo su círculo de amigos, con los cuales se llevaba de maravilla, siempre sonriente y dispuesto a ayudarles en lo que necesitaran, siempre llevándose toda su atención y lo más triste, siendo parte de su vida. Él quería eso y más para él, ser parte de sus alegrías, tristezas, estar ahí para compartir sus éxitos y ayudarle en los fracasos y tropiezos qué tuviere a la larga. 

Ya no podía negar ese sentimiento oculto en su interior, Frank no simplemente le gustaba, para su mala suerte, él ya le amaba. Amaba ese niño alegre y juguetón que siempre le estaba haciendo bromas a sus amigos, amaba lo que creía que era el castaño de bellos ojos achocolatados. Lo tenía colgado  prácticamente en un pedestal, hasta ese día que culmino su paciencia, pisoteo su orgullo, y quebró sus sentimientos. No era necesario que le gritara, se burlara y lo llamara maldito asqueroso homosexual en frente de todos, por solo preguntarle ¿porque le observaba tanto? Eso fue el detonador que lo llevo a lanzarle ese; dígasele así “encantamiento” al oji-avellana. 

Way mayor, el chico poseedor de unos encantadores ojos color esmeraldas, siempre sintió una terrible curiosidad por las artes mágicas. Su madre siempre alimento ese sentimiento de pequeño, contándole historias de hechiceras que lanzaban maleficios a familias enteras en  venganza de una sin cobrar. Las artes oscuras  y blancas nunca llamaron más su atención, de niño siempre tuvo una gran imaginación que sobrepasaba lo incomprensible.

 Incluso llego a pensar que se estaba volviendo loco, al creer ver sombras que lo perseguían, escuchar susurros en su oído en las noches al dormir, o creer en todo ese montón de cosas sobrenaturales que nada tienen que ver con lo real, “todo es ficción, una mentira, esto no es más que un sinfín de fantasías tontas” se lo repetía a diario, y de tanto repetirlo se lo creyó. No fue hasta el día que se enteró que su abuela practicaba la brujería y tenía una especie de don,  podía ver y comunicarse de alguna forma con los muertos o mejor dicho con sus almas. Y todas esas cosas en las que dejo de creer volvían a ser parte de su vida.


Su abuela era una mujer muy sabia, con mucha dulzura le miraba al ver su rostro encantado con todas las historias que tenía esta para contar.  

“el mundo espiritual va más allá de nuestra comprensión, hay cosas que no carecen de explicación, ni la ciencia tendría una respuesta exacta y es mejor así, no preguntes tanto mi amor” “Pero tú puedes hacer pócimas y todas esas cosas, ¿me enseñaras?” 

La dulce anciana que hacía de vidente para llevar a almas perdidas hacia su lugar de morada, nunca quiso enseñarle nada, decía que lo mejor era apartarse, que eso no era un juego para niños. Pero Gerard era obstinado, testarudo y siempre quiso adentrarse en ese mundo mágico y sobrenatural que le llamaba tanto la atención. Cuando su abuela murió, no tardó mucho en hurgar sobre sus pertenencias y apropiarse de un pequeño librito ya algo viejo  y gastado por el tiempo. En este se explicaba la manera de hacer todo tipos de pócimas para encantamientos, sobre diversas índoles. Cuando lo leyó no pudo evitar reírse de todo lo escrito en aquel libro. ¿Embrujos? ¡Si claro! Pero conforme más leía, más se hipnotizaba por aquello prohibido. Encontró incluso algunas pócimas que su abuela utilizaba para hacer curaciones. 

Esa noche no lo pensó mucho, practicaría un poco de magia con Iero. Lo pensó por algunos momentos, ¿qué hacerle? Un maleficio como venganza por avergonzarlo de tal manera. Comenzó a buscar en todo el libro hasta encontrarlo, el castigo perfecto para Frank.

Un hechizo de amor, seria lanzado para atarle a ese sentimiento que el sentía. Haría que se enamorara de él, como un completo imbécil, sin razón ni voluntad,  que lo amara tanto, que no hablara ni respirara sin pensarlo primero, que su vida dependiera completamente de él. 

Con mucho ímpetu  y  mucha paciencia logro conseguir todo lo necesario para hacer la pócima de amor, Iero quedaría completamente embrujado, embobado por él,  estaría a sus pies.

Pasaron varios días luego de eso, y Gerard comenzaba a pensar que todo lo escrito en ese libro no era más que bobadas de una anciana que no tenía nada que hacer. Frank solo lo seguía observando como antes, nada cambio, no se acercaba o intentaba algo nuevo con el que no sea comérselo con la mirada. Grande fue su sorpresa un día cuando este le tomo desprevenido a la salida de clases, cuando ya todos habían abandonado el salón. 

Como un lobo hambriento apreso a Gerard contra la pared para comerle la boca con extrema pasión. Un sonrojado y agitado pelinegro no podía creer lo que acontecía. Luego de eso le siguieron muchos más encuentros apasionados en los que Iero sentía derretirse por dentro, sintiendo ese fuego dentro que nunca se extinguía, si no que con el tiempo se encendía más al tener a Way entre sus brazos.
Más de una vez en medio de muchos besos húmedos, caricias estremecedoras que les dejaba la piel enrojecida por el brusco tacto, queriendo abarcar más piel de la necesaria, le confesaba cuanto le amaba. Se lo repetía a cada momento, a cada instante y Gerard se sentía desfallecer de felicidad. Tener de esa manera a Frank era el sueño más hermoso que jamás se imagino vivir. 

A pesar de amar la encantadora forma en la que Iero le trataba, había algo que no le dejaba disfrutar por completo de los momentos junto a él.  “El hechizo, es por el hechizo” “Él no me ama de verdad” No podía algunas veces sacarse de la cabeza que todo ese sueño no era más que eso, un sueño. Una dulce y encantadora mentira.

Gerard no lo resistió mucho tiempo más, todos esos pensamientos de culpabilidad no le dejaban en paz, le taladraba la conciencia al sentir que estaba obligando a Iero a que lo quisiera. Antes le pareció divertido el jugar de esa manera con sus sentimientos al lanzarle ese encantamiento, tal vez pensó muy en el fondo que no resultaría. Pero luego al vivirlo y tenerlo para él, dolía dejarlo ir, no quería pero al mismo tiempo no podía quedarse con él. ¿Qué hacer? 

Un día en el que Frank de manera juguetona le preguntaba qué ¿Qué le había dado para volverlo loco por él? Eso fue como si el oji-avellana lo estuviera juzgando o supiera algo, no lo soporto más y se contó todo.   
  
“Estás loco Gerard, yo no creo en esa mierda”  “Cállate, cállate Gerard, no te creo nada, ¡yo te amo!, termina de entenderlo.”  

Pero Way dio por terminado todo, Frank sin entenderlo siguió insistiendo por mucho tiempo más, se sentía vacío sin nada sin el pelinegro. Lo necesitaba, lo extrañaba hasta doler. Nunca nadie le había rechazado, ya sin soportar la agonía de escuchar siempre el mismo cuento,  se arto y le dijo que tenía razón, la única manera en que alguien como él “Frank Iero” podría fijarse en un sujeto como Way tendría que ser de esa manera. Un hechizo. Y lo maldijo y escupió todo el rencor, la ira y el odio que sentía por dentro al sentirse no correspondido por el mismo sentimiento. Llego a creer incluso que Way solo se burló de el por tratarlo la primera vez de manera tan grosera, ahora se vengaba, luego de atarlo a él y probar el manjar que eran los labios del oji-verde, lo dejaba como si nada.   


Su vida cambió radicalmente, ya no era ese muchachito alegre que solía ser siempre, ahora pasaba todo el rato amargado, pensando en que quizás Way este con otro. Odiándolo y amándolo en silencio. No espero que llegar a enamorarse de una persona fuera la cosa más maravillosa que se podría llegar a sentir y al mismo tiempo el arma más destructora que fuera capaz de matarle por dentro al no ser correspondido. Estaba tan cambiado que su rostro ya no era el mismo,   tenía enormes ojeras y sus ojos ya no brillaban como antes, ahora solo permanecían opacos siguiendo el andar del otro, deseando encontrarse con sus gemelas verdes.
Y ahora Gerard quería huir de esa mirada tan vacía que le regala Iero, no lo soportaba, no soportaba que lo mirara así, en un descuido cuando una chica ya algo borracha se le acercó para llevárselo a bailar, se escapó de ahí, debía buscar un lugar desolado en el bosque, en donde no hubiere nadie espiando. Lo había decidido esa noche, la misma fecha en la que nació ya hace diecisiete años, le pondría fin al embrujó. Ese sería su regalo de cumpleaños. No seguiría atado a ese sentimiento que lo condena a amarlo con locura.

Fue bueno mientras duro

Dijo las palabras mágicas, roció un poco del polvo mágico que el mismo había preparado, solo faltaba lanzarle un poco de eso a Frank y se daría por terminado el conjuro. 

-Aquí estas- una voz grave y fuerte se escuchó a su espalda, sobresaltado se dio vuelta para ver quién era el intruso que osaba  interrumpirlo en su labor, mucho peor espiarlo de esa manera tan desvergonzada, lo malo es que el sabia esa respuesta, la única persona que era poseedora de una voz tan varonil y profunda.

-Frank, ¿desde hace cuánto estás ahí?

-¿Por qué? ¿Acaso no debo enterarme de lo que haces?- Recostado al haz de un árbol, con los brazos cruzados le observaba con ojos curiosos el oji-avellana, recorriéndolo con la mirada de pies a cabeza-¿Sabes?... hoy te ves muy bien. – alarga el “muy” resaltando el sonido para que el otro le escuche fuerte y entienda su insinuación, termina mordiéndose tentadoramente el labio interior,  comenzando a caminar lentamente hacia él.

-Me veo como siempre-Retrocede unos pasos al sentirlo demasiado cerca para su cordura-No te cerques Frank. –Trata de mantener la postura al tenerlo de nuevo a punto de violar  su espacio personal, y sabe que una vez que este sobrepase esa línea y lo toque, no podrá resistirse y caerá, es un círculo vicioso que nunca acaba.

- Vamos Gee, acaso te da miedo tenerme cerca-Se ríe al ver la cara confundida del pelinegro-Yo nunca sería capaz de dañarte, o hacerte algo que no quieras – 

Susurra lo último mirándole como una fiera en celo, se lame los labio lentamente antes de tomarlo en un agarre fuerte de las mejillas para acercar esos delgados labios a los suyos, probar de nuevo ese sabor lo vale todo, no le importa si después de robarle un beso este lo golpee. Sería capaz de dar su vida por ello, y no le dolería porque sabría que ha valido la pena. Es más fuerte el verlo todos los días y saber que no le pertenece, las punzadas en su interior poco a poco lo han destrozado. Así que, ¿que perdería por un beso?

Entre la distracción de Iero, cuando este posa sus labios sobre los amados,  Gerard reacciona aprovechando la situación, rosea el polvo de un color grisáceo en la cabeza del otro, mientras siente como una lengua húmeda y caliente invade su interior haciéndole gemir ante las sensaciones placenteras que le otorga la boca de Frank. 

-Basta Frank –susurra quedamente al apartarlo de su rostro, las fuerzas le han abandonado al intentar empujarlo lejos, es inútil lo sabe al verse atrapado ante la telaraña que resulta el castaño para él.  

-¿qué es esto? –Se sacude el cabello al sentirse invadido por un polvillo que cae a sus hombros –Esto pica Gerard ¿Por qué me rociaste esto?-Le mira molesto sacudiéndose esa extraña mezcla de su cuerpo.-No me vas a decir que era eso, verdad.-Afirma al ver la mirada seria e hipnotizan te del otro.-Tampoco me dirás que hacías solito aquí.

-Haciendo lo correcto –Susurra sin voz,  desviando los verdes ojos hacia un lugar en donde no tuviera que perderse en los ojos del otro.

-¿Lo correcto? Y que es para ti lo correcto-Le toma de la cara para que lo mire a los ojos- No me dirás tampoco –Adivina cuando este solo calla-bien yo te lo diré. –Suspira cansado de tener la misma discusión con el peli-negro de un tiempo acá-Lo correcto sería que en vez de estar jugando a ser hechizos, pócimas y todas esas mierdas, te hubieras dado cuenta que todo lo que vivimos en estos meses ha sido real, que el amor que te digo tener, aun te lo tengo. Y no es gracias a un encantamiento que según tú ya revertiste-Si alguna vez Frank pensó a ver visto en toda su magnitud los ojos de Gerard estaba equivocado, porque esta vez los abrió a lo más que dio, sin poder creer que Frank lo supiera, ¿Le había visto preparando la reversión? El muy..-Si Gerard, te seguí desde un principio, ¿sabes lo que se dice de este bosque no? No iba permitir que vinieras solo a esta zona tan alejada y te perdieras-Sonríe enternecido al ver esos hermosos ojos y esa carita que tanto adoraba confundido-Sabes que más hubiere sido lo correcto. Que no me hicieras sufrir todo este tiempo por no tenerte. También hubiera sido correcto que me hubieras despertado hoy en la mañana con muchos besos en mi rostro y me dijeras un “Feliz Cumpleaños Frankie”, supongo lo olvidaste.

-No, yo yo…yo no lo olvide Frankie –Algo alterado le toma del rostro al ver como esos hermosos y enormes ojos se llenan de lágrimas, algo que duele más que cualquier cosa, es verle llorar. Es como si mil dagas se clavaran en su corazón, y este dejara de latir al instante. Y sabe que si Frank llora, el llora. Y como   comienzan a descender lágrimas de sus ojos también. –Es solo, es solo que pensé que tú me odiabas. Y yo..y yo ..Pensé esto era lo mejor para ti.

-Tonto –Le mira resentido pero con una hermosa sonrisa pendiente de sus labios.-Te perdono, solo porque sé que mi testarudo corazón no quiere seguir latiendo si no te tiene cerca-

-Pero..pero yo

-Pero tú nada-Sus labios vuelven a encontrarse en un beso con un sabor entre dulce y salado gracias a las inconsolables lágrimas que no dejaban de salir de sus ojos-Deseaba tanto esto hace unas horas Gerard-Vuelve a besarlo, adentrándose profundamente en la cavidad húmeda del otro, sin dejar un solo rincón sin explorar, queriendo saborear y dejar ese saborcito gravado en su mente-Te deseo tanto-restriega su cara en la del otro, terminando en una dulce caricia en su nariz.

 -Pero no lo entiendo-Se aparta solo un poco, para poder hablar sin ser absorbido por los demandantes labios del castaño- Se supone que revertí el embrujó, tú ya no deberías de quererme, deberías de tenerme asco otra vez.

-¿Asco? Yo jamás podría llegar a sentir asco por ti Gee-le mira sin entender, los mares verdes de Gerard son tan fáciles de leer, y ese miedo impreso en ellos no se iba, no desaparecía de ellos.-Olvida todo lo que dije alguna vez, todo fue mentira… yo te amo Gerard, tanto que llegue incluso a creerme esa absurdez de tu mentado hechizo.

-No es ninguna tontería.

-Mi brujito-sonríe pícaro, mordiendo juguetonamente  su mentón.

-No estés jugando Frank-le mira dolido.

-Bueno, pero es cierto. Te pensaba a cada rato, te veía en todos lados, incluso llegue a pensar que estaba loco y odiaba este sentimiento, me odiaba a mí mismo por amarte hasta ese límite, y toda esta frustración se la pasaba  a todos, inclusive a ti, por no amarme.

-¡No! Estas confundido Frank, no sé, no sé porque la reversión no dio resultado, pero eso que dices sentir no es cierto-Pega su frente a la de Frank cansado de tantas emociones, tantos sentimientos comprimidos en su pecho. –Tú no me amas-Susurra

-Gerard, escúchame.

-¡No! ¡Escúchame tú! El día que te lancé ese encantamiento ¡funciono! porque tú por fin te fijaste en mí, ese día que me diste el primer beso termino de convencerme, todo fue gracias a “eso”

-¡Gee! Como iba a funcionar si yo ya te amaba desde antes. El día que te bese fue simplemente porque ya no lo soportaba más, y moría por devorarte la boca.

 -Estás hablando enserio –Le mira sin poder creerlo aun.- es por eso que me mirabas tanto, pero yo….

-Sí, lo sé, fui un cobarde por no reconocerlo desde un principio –Le mira arrepentido-Perdón por tratarte de esa manera ese día, pero me costó hacerme a la idea que me gustaba un hombre.

-Eres un idiota.

-Dime algo que no sepa-sonríe al sentir los dientes de Gerard en su labio interior -Mi brujito, mío solo mío.

Y esa noche en verdad fue solo suyo.

-Te amo-Le mira decidido a dejar de lado ese sentimiento de culpa que no le dejaba respirar anteriormente, comprendiendo por fin la magnitud del amor del otro.

Frank le amaba. Le amaba de verdad, no gracias a ese hechizo que no tuvo ningún efecto al final, ya que este le amaba desde antes.

-Yo te amo más.
~

 

Algunas hojas caen al ser movidas rudamente por el viento, que a esas horas comienza a soplar violentamente, como si supiera la cruel tempestad que está por venir, tratando de avisar a aquellos pobres mortales  del mal que ve en esos ojos color azul violeta, tan bellos y profundos como mortales y destructores. Su cabello plateado se mueve al compás del intrépido viento que se atreve a golpear su perfilado rostro, tal vez adivinando sus oscuras intenciones y ya estuviera cansado de ver el sufrimiento y agonía de sus víctimas. La oscuridad de la noche es su compañera, su fiel amiga que nunca le abandona cuando quiere no ser visto entre los fuertes troncos de los árboles, que se azotan salvajemente esa noche.


-¿Ya los vistes?, acaso no son adorable –Afirma una voz aguda, la de una mujer a un costado suyo.

-Son perfectos, ¿no lo crees? –Habla otro sujeto, esta vez una gruesa voz, la de un hombre.

-Se ven tan enamorados. –La suave voz de otra mujer se deja escuchar, siendo arrastradas sus palabras en un melodioso canto lleno de fingida tristeza–es una lástima que eligieran este lugar, y sobretodo esta noche para declarase su amor. – sonríe

-Mala elección-Se burla otra.

-Muero por ver sus ojos llenos de terror al ver a su amado dejar este mundo de la peor forma-Una ansiosa vos se une a las demás, vestido de la misma forma, todos con una capucha roja que cubre sus cuerpos por completo, dejando ver solo la mitad de sus rostros, de la nariz para abajo.   -¿ellos serán los elegidos verdad?, dime que sí y los atrapamos ahora mismo.

Cada Halloween, era la noche tan esperada para salir de cacería, elegir un sacrificio para su Dios, una pareja de enamorados era la elegida para llevar a cabo su maléfico crimen. Para ellos no había nada más complaciente y placentero que ver el terror en los ojos de los amantes al saber cómo iban a morir, ver sus rostros empapados en lágrimas al ver sufrir a la persona que más aman. Todo sacrificio requiere almas puras, que más puro que ese sentimiento que une a dos personas que se aman de verdad. Que más puro que el propio amor. Esos dos chicos darían la vida por el otro. El ritual sería perfecto además de lo divertido que  sería  el ver sus suplicas anhelando por el otro.     

-Hemos encontrado a nuestro sacrificio -Por fin se deja escuchar la voz del hombre de cabellera plateada, el líder.



 “ No es a los muertos a los que hay que temerles hijo, si no a los vivos”
Y las palabras de su madre seria lo último que recordaría al saber su suerte.

 


Fin.

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