Parejas: Gerard Way/Frank Iero.
Autor: Umbrella
Advertencia: Universo Alterno, Muerte de Personajes.
Capitulo único.
Las manecillas del reloj marcaban a cada segundo el
pronto final de su tortura interior, cada tic tac era una muda invitación a
dejarse caer en la locura de su agobiante espera, llevaba ya varias horas
metido entre las cuatro paredes de su habitación, en penumbras apenas
visualizaba la hora que marcaba su reloj de pared, con ese sonido ensordecedor
que a su parecer podía llegar a sacar de sus casillas a cualquiera o solo a
alguien como él, que no sabía que era peor, si la demora del tiempo la cual se
le hacía eterna, para poder remediar su error al lanzar ese pequeño e inocente
encantamiento o esas incalculables ansias por verle cara a cara de nuevo.
El solo pensarlo le revolvió el estómago, las punzadas
empezarían de nuevo y ya se comenzaba a cuestionar si sería capaz de hacerlo,
si su poca confianza y la auto fuerza que había logrado acumular estos días
sería suficiente.
Pero nadie le había obligado hacerlo, la culpa era todita
suya. Y el odio en esos ojos tan perfectos y redondos era el peor castigo que
podía sufrir su persona. Todas esas agujas inyectadas de veneno y asco eran
dirigidas enteritas hacia él, solo para él.
Y vaya que dolía, era inimaginable cuánto daño podía hacer una sola
mirada. Ni las burlas o la misma indiferencia causaban tal efecto, las prefería
a esto.
Espero que hoy deje de doler
Un inusual sonido le alejo momentáneamente de sus
pensamientos, ausente escucho la voz de su madre en el piso de arriba,
llamándole. Como pudo se levantó sin trastabillar en la oscuridad que rodeaba
el lugar alumbrado apenas por la luz de
una pequeña vela a medio derretir.
Parpadeo varias veces al caer en cuenta de lo colorida
que se encontraba el interior de su casa, y no dudaba que el exterior se
encontrara en las mismas condiciones. Los colores violeta, anaranjado y negro
se encontraban al ras de las extravagantes decoraciones que su madre con tanto
esmero había colocado por todo el lugar. Algunas de ellas le causaban risa por lo
infantiles que resultaban, moldes en forma de fantasmas fueron cortados en
papel brillante, murciélagos y las
famosas calabazas no podían faltar,
todas en un mudo tributo a la celebración de ese día.
Una pequeña
sonrisa se logró colar de sus labios, los cuales ya se encontraban secos y
marchitos por la presión que hubiere estado ejerciendo en estos esa tarde.
Hoy es su cumpleaños-recordó con agonía.
Halloween era la festividad tan esperada por muchos
adolescentes de la pequeña comunidad de Warre Valley en Ohio, lo venían comentando desde fines del
mes de septiembre. Era el tema más conversado, controversial y de moda de todos
los chavos de su escuela. Para esta fecha tenían preparado algo inusual que
fuera completamente diferente a como venían celebrando tradicionalmente esa
fiesta.
Y no le compre ni un regalo.-Suspira cansado.
El pequeño niño de cabellera castaña, mieles cubiertos
por unos finos lentes graduados, disfrazado de pies a cabeza por un disfraz de
un inocente y angelical querubín, jala un extremo de su chaqueta de cuero negra,
tratando de llamar la atención del mayor.
-¡Gee!, ¡Gee! –da pequeños saltitos para ser visto por su
hermano, que ese día se ha comportado muy extraño, ha estado distante y frio,
ni siquiera un besito de buenos días obtuvo de él. Y eso le ponía molesto y
resentido.
-¡Hey!- sonríe al verlo con ese disfraz, su pequeño
hermanito luce muy tierno. Le toma en brazos con cuidado de no estropear las
enormes alas blancas que sobresalen de sus costados. –Así que eres un angelito,
pensé que te disfrazarías de algún monstruo
o algo parecido, no todo lo
contrario.
Lo más seguro es que el lleve esa mascara de
Frankenstein
que usa siempre para estas fechas, como en años anteriores.
-Mami lo compro, ¿te gusta?-la cantarina voz de su
hermanito hace eco en su cabeza, sacándole momentáneamente de esos efímeros
pensamientos, que no hacen otra cosa que pensarlo a él. Sonríe al ver a su hermanito mover las alas, tal efecto
sucede al contraer los hombros -no te
burles, mami dice que me veo muy bonito –Infla los cachetes, molesto, mirándole
retadoramente, como el nene mimado y consentido que es.
-Yo también lo creo amor, te ves muy tierno-le besa la
mejilla para contentarlo. El picarillo querubín sonríe satisfecho, mira a su
hermano mayor, este esta vestido con pantalones de mezclilla ajustados, las
usuales botas de cuero negras, que le dan ese efectos de piernas largas y
estilizadas a su figura, por último la chaqueta de cuero negra como
complemento, su vestimenta es totalmente oscura, combinando a la perfección con
su cabello azabache ya algo largo.
-¿Porque no te disfrazaste Gee?, no iras conmigo por
dulces. –la voz aguda y dulzona del niño se escucha quebrada, con miedo en sus
irises al leer la verdad en los verdes de Gerard.
-Emm bueno.. yo ..este - Se trata de explicar, con mucho
cuidado para no lastimar los sentimientos del pequeñito, le conoce muy bien
como para saber que armara una rabieta de tal tamaño, si no le acompaña a pedir dulces como en años anteriores.
-¡Vamos Gerard!, ¿Explícale al niño porque no lo vas a
acompañar?
Voltea a su izquierda encontrando a la mujer que le dio a
luz y a la que más ama en este mundo, sentada a un escalón de las escaleras que
dan a la segunda planta, serena le mira con una pequeña sonrisa cubriendo sus
labios, negando con la cabeza. No está de acuerdo con Gerard. Que asista a esa reunión
donde los más seguro lo único que encontrara será un montón de adolecentes
pasados en alcohol y drogas.
-Tu sabes porque mama, aunque yo quisiera no puedo faltar-dice
lo último mirando al niño que molesto se baja de sus brazos y corre hacia los
de su madre.
-¿Porque? Acaso hay alguna clase de etiqueta que diga que
no puedes faltar. Acaso te apuntaran con un dedo porque no vayas a una ridícula
fiesta de Halloween.
-Todos los chicos de la escuela estarán ahí. Y no pasara nada. –Trata de tomar a Mikey,
pero este lo esquiva con los ojos llorosos- Esto ya lo discutimos mama.
-Lo sé y sabes lo que pienso al respecto. Eres mi hijo,
no me culpes por preocuparme tanto por ti.
Además estará el ahí, como me pides que no
vaya.
-Mami no te preocupes-la mira tiernamente, entiende muy
bien que la preocupación de su madre es justificada, tiene que ver con todos
los indicios de mala fama que tiene el lugar elegido para la fiesta en la cual
piensan encender una enorme fogata como se acostumbra en esos lugares.
El
bosque embrujado lo llaman la mayoría de aldeanos del lugar, otros incluso
aseguran que no es el bosque en sí, el
culpable de la desaparición de parejas de enamorados que se escapan a las
oscuras laderas del mismo, el cual les brinda en complicidad el espacio y la comodidad que buscan al perderse en la
sombría noche detrás del manto de árboles para no ser vistos. Las malas lenguas comentan que el enorme lago
que habita dormido en completo silencio en la profundidad del bosque es el
culpable. El cual como está encantado, despierta en medio de la noche, como una
bestia nocturna que atrae y seduce a sus visitantes a nadar en sus aguas
cristalinas y tibias. Para luego tragarse
a sus víctimas para escupirlos luego rio arriba. En donde han encontrado
restos de partes humanas, completamente mutiladas. Las cuales Gerard está más
que seguro que no ha sido precisamente por fantasmas o apariciones los
causantes de tales asesinatos.
-Además que podría pasarme-la mira burlón-no hagas caso a
todas esas historias tontas que cuentan del lugar.
-Ese bosque se encuentra manchado de sangre, y no me
refiero a lo que se dice del lugar. Ahí suceden cosas que aun las autoridades
no han sabido explicar.
-¡Bueno ya! No hablaremos más sobre ese tema. Y tu Mikey
ya deja el lloriqueo que mamá ira contigo por dulces. –el niño ya se encontraba
llorando tirando de su disfraz queriendo quitárselo.
-¡No quiero!, ¡no quiero! –Se tira al suelo, llorando.
–¡Quiero ir contigo!-Le grita.
-Ven aquí-lo toma a la fuerza Donna para llevárselo e
impedir que destruya el disfraz que con tanto amor le busco, recoge la
canastilla que se supone llenaran de dulces, si no quieren que el dulce
querubín les haga una travesura.
-Lo sé, ¡eso si es aterrador! –La mira sonriendo,
acercándose para despedirse, de un beso-
Y no te preocupes que ningún
zombi se llevara y comerá a tu hijo-Bromea, acariciando bruscamente la cabecita
de Mikey, el cual le tira manotadas para apartarlo.
-No es a los muertos a los que hay que temerles hijo, si
no a los vivos-Susurra besando su mejilla, deseándole se la pase muy bien, y
regrese antes de que amanezca.
~
Dentro de una media hora daría paso a la media noche, su
larga espera por fin comenzaba a llegar a su final, el lugar se encontraba a
reventar, como se lo había imaginado, ninguno de sus compañeros se quedó en su
casa esa noche o en alguna de esas convencionales fiestas de disfraces. Para
ser más precisos toda la escuela se
encontraba ahí. Disfrutando de la
calidez de la noche, de la frescura de estar al aire libre, alumbrados por la
luz de luna, de la enorme fogata que habían construido frente al lago, y de
otras luces artificiales que movieron al lugar, así como las bebidas, la música
e incluso la droga no podía faltar, se movía como agua en aquel lugar.
Lo más deplorable de todo, es que nada de eso llamaba ni
remotamente su atención. Ni siquiera ver algunas de sus compañeras quitándose
la ropa, para meterse con los senos al aire a nadar dentro del lago, burlándose
en silencio de todas las creencias que se tenían de ese inmaculado lugar.
Con su mirada cruzo todo a su alrededor, buscando el
único objeto que tendría placer de llamar su completa atención, en su búsqueda
se topó con varias parejas de chicos ya pasados de borrachos fallándose en
plena vista de todo el público, con cara asqueada volteo su rostro hacia el otro extremo de la fogata. Tubo que
recordarle al cerebro como se exhalaba e inhalaba, cuando su
respiración se cortó momentáneamente.
Ahí frente a él, se encontraba ese chico que tanto le
revolvía el estómago al solo pensarlo. Mirando directamente hacia él, con sus
avellanas puestas sobre su persona. Se preguntaba desde hace cuánto lo estaría
observando. Se removió extraño e incómodo
en su lugar, si el verlo le causaba vértigo, el que le observara de esa manera
nada apropiada le haría caerse de cabeza.
Frank se encontraba sentado en un tronco viejo, que
hubieren posicionado antes frente a la fogata. El reflejo rojizo de la luz al
alumbrar su rostro le daba un toque escalofriante, con sus ojos fijos en él,
sin pestañear o moverlos hacia algún lado. Los chicos pasaban por donde ambos,
interponiéndose entre sus miradas, tapando la visibilidad del otro, Gerard
deseando que así este apartara su vista de sí.
En cambio
Frank más la afianzaba, tanto que Way estaba seguro de
sentirlo calar hasta la profundidad de su ser.
¿Cómo es que lo hace? ¿Cómo es que yo no
puedo?
Y es que no era capaz de sostenerle la mirada de esa
manera, siempre que lo miraba directamente terminaba sonrojándose y desviando
la mirada nervioso hacia otro lugar. Lo único malo es que en rostro de Iero no
había ninguna señal de sonrojo o locura por verlo, su rostro no reflejaba
absolutamente nada. Era como una caja vacía, que solo observa eso que se le
indica mirar, sin devoción, sin interés, pero que sin embargo le seduce y
atrapa, y lo hace no querer apartar la mirada de su objeto preciado.
Tanto me odias que miras de esa manera
Gerard siempre lo supo, Frank siempre fue un hombre
misterioso para su cordura, nunca en todos
esos años que cursaron juntos este le hablo, ahora ya en último año, esperaba
fuera la misma historia de siempre. Pasar desapercibido por esas avellanas
cristalinas y llenas de vida. Pero de un
tiempo acá, algo cambio. Ese chico tatuado, rebelde que solo le habla a cierto
grupo social de la escuela, comenzó a seguirlo, a prestarle atención. Siempre
viéndolo en clases cuando creía este no se daba cuenta. El nerviosismo y las
náuseas comenzaron a ser parte de las rutinas diarias de Gerard durante ese
tiempo. Esas bellas avellanas mirándole siempre, pendiente de sus movimientos,
era un acontecimiento que revolvía y ponía su mundo de cabeza. ¿Acaso le
gustaba? ¿Al menos conseguía provocarle curiosidad? No lo sabía. Este le
miraba, pero no le hablaba. Su comportamiento era tan extraño, que incluso le
miro siguiéndole a su casa a escondidas. Ya arto de sentirse desfallecer al
principio por esas repentinas miradas, con el tiempo solo conseguía ponerle
nervioso e incómodo.
No lo soporto más y un día lo enfrento. Nunca olvidara la
forma tan grosera y mordaz como lo tratara esa vez el oji-avellana.
Gerard siempre lo considero una personita encantadora y
sublime, por la forma en la que se reía de cualquier cosa sin importancia, o
trataba a la vida sin hacerse tantos problemas, mirando siempre lo positivo de
las cosas. Envidiaba en secreto a todo su círculo de amigos, con los cuales se
llevaba de maravilla, siempre sonriente y dispuesto a ayudarles en lo que
necesitaran, siempre llevándose toda su atención y lo más triste, siendo parte
de su vida. Él quería eso y más para él, ser parte de sus alegrías, tristezas,
estar ahí para compartir sus éxitos y ayudarle en los fracasos y tropiezos qué
tuviere a la larga.
Ya no podía negar ese sentimiento oculto en su interior,
Frank no simplemente le gustaba, para su mala suerte, él ya le amaba. Amaba ese
niño alegre y juguetón que siempre le estaba haciendo bromas a sus amigos,
amaba lo que creía que era el castaño de bellos ojos achocolatados. Lo tenía colgado
prácticamente en un pedestal, hasta ese
día que culmino su paciencia, pisoteo su orgullo, y quebró sus sentimientos. No
era necesario que le gritara, se burlara y lo llamara maldito asqueroso
homosexual en frente de todos, por solo preguntarle ¿porque le observaba tanto?
Eso fue el detonador que lo llevo a lanzarle ese; dígasele así “encantamiento” al
oji-avellana.
Way mayor, el chico poseedor de unos encantadores ojos
color esmeraldas, siempre sintió una terrible curiosidad por las artes mágicas.
Su madre siempre alimento ese sentimiento de pequeño, contándole historias de
hechiceras que lanzaban maleficios a familias enteras en venganza de una sin cobrar. Las artes oscuras y blancas nunca llamaron más su atención, de
niño siempre tuvo una gran imaginación que sobrepasaba lo incomprensible.
Incluso llego a pensar que se estaba volviendo loco, al creer ver sombras que
lo perseguían, escuchar susurros en su oído en las noches al dormir, o creer en
todo ese montón de cosas sobrenaturales que nada tienen que ver con lo real, “todo es ficción, una mentira, esto no es
más que un sinfín de fantasías tontas” se lo repetía a diario, y de tanto
repetirlo se lo creyó. No fue hasta el día que se enteró que su abuela practicaba
la brujería y tenía una especie de don,
podía ver y comunicarse de alguna forma con los muertos o mejor dicho
con sus almas. Y todas esas cosas en las que dejo de creer volvían a ser parte
de su vida.
Su abuela era una mujer muy sabia, con mucha dulzura le
miraba al ver su rostro encantado con todas las historias que tenía esta para
contar.
“el mundo espiritual va más allá
de nuestra comprensión, hay cosas que no carecen de explicación, ni la ciencia
tendría una respuesta exacta y es mejor así, no preguntes tanto mi amor” “Pero tú puedes hacer pócimas y todas esas
cosas, ¿me enseñaras?”
La dulce anciana que hacía de vidente para llevar a almas
perdidas hacia su lugar de morada, nunca quiso enseñarle nada, decía que lo
mejor era apartarse, que eso no era un juego para niños. Pero Gerard era
obstinado, testarudo y siempre quiso adentrarse en ese mundo mágico y
sobrenatural que le llamaba tanto la atención. Cuando su abuela murió, no tardó
mucho en hurgar sobre sus pertenencias y apropiarse de un pequeño librito ya
algo viejo y gastado por el tiempo. En
este se explicaba la manera de hacer todo tipos de pócimas para encantamientos,
sobre diversas índoles. Cuando lo leyó no pudo evitar reírse de todo lo escrito
en aquel libro. ¿Embrujos? ¡Si claro! Pero conforme más leía, más se
hipnotizaba por aquello prohibido. Encontró incluso algunas pócimas que su
abuela utilizaba para hacer curaciones.
Esa noche no lo pensó mucho, practicaría un poco de magia
con Iero. Lo pensó por algunos momentos, ¿qué hacerle? Un maleficio como
venganza por avergonzarlo de tal manera. Comenzó a buscar en todo el libro
hasta encontrarlo, el castigo perfecto para Frank.
Un hechizo de amor, seria lanzado para atarle a ese
sentimiento que el sentía. Haría que se enamorara de él, como un completo imbécil,
sin razón ni voluntad, que lo amara
tanto, que no hablara ni respirara sin pensarlo primero, que su vida dependiera
completamente de él.
Con mucho ímpetu
y mucha paciencia logro conseguir
todo lo necesario para hacer la pócima de amor, Iero quedaría completamente
embrujado, embobado por él, estaría a
sus pies.
Pasaron varios días luego de eso, y Gerard comenzaba a
pensar que todo lo escrito en ese libro no era más que bobadas de una anciana
que no tenía nada que hacer. Frank solo lo seguía observando como antes, nada
cambio, no se acercaba o intentaba algo nuevo con el que no sea comérselo con
la mirada. Grande fue su sorpresa un día cuando este le tomo desprevenido a la
salida de clases, cuando ya todos habían abandonado el salón.
Como un lobo hambriento apreso a Gerard contra la pared
para comerle la boca con extrema pasión. Un sonrojado y agitado pelinegro no
podía creer lo que acontecía. Luego de eso le siguieron muchos más encuentros apasionados
en los que Iero sentía derretirse por dentro, sintiendo ese fuego dentro que
nunca se extinguía, si no que con el tiempo se encendía más al tener a Way
entre sus brazos.
Más de una vez en medio de muchos besos húmedos, caricias
estremecedoras que les dejaba la piel enrojecida por el brusco tacto, queriendo
abarcar más piel de la necesaria, le confesaba cuanto le amaba. Se lo repetía a
cada momento, a cada instante y Gerard se sentía desfallecer de felicidad.
Tener de esa manera a Frank era el sueño más hermoso que jamás se imagino
vivir.
A pesar de amar la encantadora forma en la que Iero le
trataba, había algo que no le dejaba disfrutar por completo de los momentos
junto a él. “El hechizo, es por el hechizo” “Él no me ama de verdad” No podía
algunas veces sacarse de la cabeza que todo ese sueño no era más que eso, un
sueño. Una dulce y encantadora mentira.
Gerard no lo resistió mucho tiempo más, todos esos
pensamientos de culpabilidad no le dejaban en paz, le taladraba la conciencia
al sentir que estaba obligando a Iero a que lo quisiera. Antes le pareció
divertido el jugar de esa manera con sus sentimientos al lanzarle ese
encantamiento, tal vez pensó muy en el fondo que no resultaría. Pero luego al
vivirlo y tenerlo para él, dolía dejarlo ir, no quería pero al mismo tiempo no
podía quedarse con él. ¿Qué hacer?
Un día en el que Frank de manera juguetona le preguntaba
qué ¿Qué le había dado para volverlo loco por él? Eso fue como si el
oji-avellana lo estuviera juzgando o supiera algo, no lo soporto más y se contó
todo.
“Estás loco Gerard, yo no creo en esa mierda”
“Cállate, cállate Gerard, no te creo
nada, ¡yo te amo!, termina de entenderlo.”
Pero Way dio por terminado todo, Frank sin entenderlo
siguió insistiendo por mucho tiempo más, se sentía vacío sin nada sin el
pelinegro. Lo necesitaba, lo extrañaba hasta doler. Nunca nadie le había
rechazado, ya sin soportar la agonía de escuchar siempre el mismo cuento, se arto y le dijo que tenía razón, la única
manera en que alguien como él “Frank Iero” podría fijarse en un sujeto como Way
tendría que ser de esa manera. Un hechizo. Y lo maldijo y escupió todo el
rencor, la ira y el odio que sentía por dentro al sentirse no correspondido por
el mismo sentimiento. Llego a creer incluso que Way solo se burló de el por tratarlo
la primera vez de manera tan grosera, ahora se vengaba, luego de atarlo a él y
probar el manjar que eran los labios del oji-verde, lo dejaba como si
nada.
Su vida cambió radicalmente, ya no era ese muchachito
alegre que solía ser siempre, ahora pasaba todo el rato amargado, pensando en
que quizás Way este con otro. Odiándolo y amándolo en silencio. No espero que
llegar a enamorarse de una persona fuera la cosa más maravillosa que se podría
llegar a sentir y al mismo tiempo el arma más destructora que fuera capaz de
matarle por dentro al no ser correspondido. Estaba tan cambiado que su rostro
ya no era el mismo, tenía enormes
ojeras y sus ojos ya no brillaban como antes, ahora solo permanecían opacos
siguiendo el andar del otro, deseando encontrarse con sus gemelas verdes.
Y ahora Gerard quería huir de esa mirada tan vacía que le
regala Iero, no lo soportaba, no soportaba que lo mirara así, en un descuido
cuando una chica ya algo borracha se le acercó para llevárselo a bailar, se
escapó de ahí, debía buscar un lugar desolado en el bosque, en donde no hubiere
nadie espiando. Lo había decidido esa noche, la misma fecha en la que nació ya
hace diecisiete años, le pondría fin al embrujó. Ese sería su regalo de
cumpleaños. No seguiría atado a ese sentimiento que lo condena a amarlo con
locura.
Fue bueno mientras duro
Dijo las palabras mágicas, roció un poco del
polvo mágico que el mismo había preparado, solo faltaba lanzarle un poco de eso
a Frank y se daría por terminado el conjuro.
-Aquí estas- una voz grave y fuerte se escuchó a su espalda,
sobresaltado se dio vuelta para ver quién era el intruso que osaba interrumpirlo en su labor, mucho peor
espiarlo de esa manera tan desvergonzada, lo malo es que el sabia esa
respuesta, la única persona que era poseedora de una voz tan varonil y
profunda.
-Frank, ¿desde hace cuánto estás ahí?
-¿Por qué? ¿Acaso no debo enterarme de lo que haces?-
Recostado al haz de un árbol, con los brazos
cruzados le observaba con ojos curiosos el oji-avellana, recorriéndolo con la
mirada de pies a cabeza-¿Sabes?... hoy te ves muy bien. – alarga el “muy”
resaltando el sonido para que el otro le escuche fuerte y entienda su
insinuación, termina mordiéndose tentadoramente el labio interior, comenzando a caminar lentamente hacia él.
-Me veo como siempre-Retrocede unos pasos al sentirlo
demasiado cerca para su cordura-No te cerques Frank. –Trata de mantener la
postura al tenerlo de nuevo a punto de violar
su espacio personal, y sabe que una vez que este sobrepase esa línea y
lo toque, no podrá resistirse y caerá, es un círculo vicioso que nunca acaba.
- Vamos Gee, acaso te da miedo tenerme cerca-Se ríe al
ver la cara confundida del pelinegro-Yo nunca sería capaz de dañarte, o hacerte
algo que no quieras –
Susurra lo último mirándole como una fiera en celo, se lame
los labio lentamente antes de tomarlo en un agarre fuerte de las mejillas para
acercar esos delgados labios a los suyos, probar de nuevo ese sabor lo vale
todo, no le importa si después de robarle un beso este lo golpee. Sería capaz
de dar su vida por ello, y no le dolería porque sabría que ha valido la pena.
Es más fuerte el verlo todos los días y saber que no le pertenece, las punzadas
en su interior poco a poco lo han destrozado. Así que, ¿que perdería por un
beso?
Entre la distracción de Iero, cuando este posa sus labios
sobre los amados, Gerard reacciona
aprovechando la situación, rosea el polvo de un color grisáceo en la cabeza del
otro, mientras siente como una lengua húmeda y caliente invade su interior
haciéndole gemir ante las sensaciones placenteras que le otorga la boca de
Frank.
-Basta Frank –susurra quedamente al apartarlo de su
rostro, las fuerzas le han abandonado al intentar empujarlo lejos, es inútil lo
sabe al verse atrapado ante la telaraña que resulta el castaño para él.
-¿qué es esto? –Se sacude el cabello al sentirse invadido
por un polvillo que cae a sus hombros –Esto pica Gerard ¿Por qué me rociaste
esto?-Le mira molesto sacudiéndose esa extraña mezcla de su cuerpo.-No me vas a
decir que era eso, verdad.-Afirma al ver la mirada seria e hipnotizan te del
otro.-Tampoco me dirás que hacías solito aquí.
-Haciendo lo correcto –Susurra sin voz, desviando los verdes ojos hacia un lugar en
donde no tuviera que perderse en los ojos del otro.
-¿Lo correcto? Y que es para ti lo correcto-Le toma de la
cara para que lo mire a los ojos- No me dirás tampoco –Adivina cuando este solo
calla-bien yo te lo diré. –Suspira cansado de tener la misma discusión con el
peli-negro de un tiempo acá-Lo correcto sería que en vez de estar jugando a ser
hechizos, pócimas y todas esas mierdas, te hubieras dado cuenta que todo lo que
vivimos en estos meses ha sido real, que el amor que te digo tener, aun te lo
tengo. Y no es gracias a un encantamiento que según tú ya revertiste-Si alguna
vez Frank pensó a ver visto en toda su magnitud los ojos de Gerard estaba
equivocado, porque esta vez los abrió a lo más que dio, sin poder creer que
Frank lo supiera, ¿Le había visto preparando la reversión? El muy..-Si Gerard,
te seguí desde un principio, ¿sabes lo que se dice de este bosque no? No iba
permitir que vinieras solo a esta zona tan alejada y te perdieras-Sonríe
enternecido al ver esos hermosos ojos y esa carita que tanto adoraba
confundido-Sabes que más hubiere sido lo correcto. Que no me hicieras sufrir
todo este tiempo por no tenerte. También hubiera sido correcto que me hubieras
despertado hoy en la mañana con muchos besos en mi rostro y me dijeras un
“Feliz Cumpleaños Frankie”, supongo lo olvidaste.
-No, yo yo…yo no lo olvide Frankie –Algo alterado le toma
del rostro al ver como esos hermosos y enormes ojos se llenan de lágrimas, algo
que duele más que cualquier cosa, es verle llorar. Es como si mil dagas se
clavaran en su corazón, y este dejara de latir al instante. Y sabe que si Frank
llora, el llora. Y como comienzan a
descender lágrimas de sus ojos también. –Es solo, es solo que pensé que tú me
odiabas. Y yo..y yo ..Pensé esto era lo mejor para ti.
-Tonto –Le mira resentido pero con una hermosa sonrisa
pendiente de sus labios.-Te perdono, solo porque sé que mi testarudo corazón no
quiere seguir latiendo si no te tiene cerca-
-Pero..pero yo
-Pero tú nada-Sus labios vuelven a encontrarse en un beso
con un sabor entre dulce y salado gracias a las inconsolables lágrimas que no
dejaban de salir de sus ojos-Deseaba tanto esto hace unas horas Gerard-Vuelve a
besarlo, adentrándose profundamente en la cavidad húmeda del otro, sin dejar un
solo rincón sin explorar, queriendo saborear y dejar ese saborcito gravado en
su mente-Te deseo tanto-restriega su cara en la del otro, terminando en una
dulce caricia en su nariz.
-Pero no lo
entiendo-Se aparta solo un poco, para poder hablar sin ser absorbido por los
demandantes labios del castaño- Se supone que revertí el embrujó, tú ya no
deberías de quererme, deberías de tenerme asco otra vez.
-¿Asco? Yo jamás podría llegar a sentir asco por ti
Gee-le mira sin entender, los mares verdes de Gerard son tan fáciles de leer, y
ese miedo impreso en ellos no se iba, no desaparecía de ellos.-Olvida todo lo
que dije alguna vez, todo fue mentira… yo te amo Gerard, tanto que llegue
incluso a creerme esa absurdez de tu mentado hechizo.
-No es ninguna tontería.
-Mi brujito-sonríe pícaro, mordiendo juguetonamente su mentón.
-No estés jugando Frank-le mira dolido.
-Bueno, pero es cierto. Te pensaba a cada rato, te veía
en todos lados, incluso llegue a pensar que estaba loco y odiaba este
sentimiento, me odiaba a mí mismo por amarte hasta ese límite, y toda esta
frustración se la pasaba a todos,
inclusive a ti, por no amarme.
-¡No! Estas confundido Frank, no sé, no sé porque la
reversión no dio resultado, pero eso que dices sentir no es cierto-Pega su
frente a la de Frank cansado de tantas emociones, tantos sentimientos
comprimidos en su pecho. –Tú no me amas-Susurra
-Gerard, escúchame.
-¡No! ¡Escúchame tú! El día que te lancé ese
encantamiento ¡funciono! porque tú por fin te fijaste en mí, ese día que me
diste el primer beso termino de convencerme, todo fue gracias a “eso”
-¡Gee! Como iba a funcionar si yo ya te amaba desde
antes. El día que te bese fue simplemente porque ya no lo soportaba más, y
moría por devorarte la boca.
-Estás hablando
enserio –Le mira sin poder creerlo aun.- es por eso que me mirabas tanto, pero
yo….
-Sí, lo sé, fui un cobarde por no reconocerlo desde un
principio –Le mira arrepentido-Perdón por tratarte de esa manera ese día, pero
me costó hacerme a la idea que me gustaba un hombre.
-Eres un idiota.
-Dime algo que no sepa-sonríe al sentir los dientes de
Gerard en su labio interior -Mi brujito, mío solo mío.
Y esa noche en verdad fue solo suyo.
-Te amo-Le mira decidido a dejar de lado ese sentimiento
de culpa que no le dejaba respirar anteriormente, comprendiendo por fin la
magnitud del amor del otro.
Frank le amaba. Le amaba de verdad, no gracias a ese
hechizo que no tuvo ningún efecto al final, ya que este le amaba desde antes.
-Yo te amo más.
~
Algunas hojas caen al ser movidas rudamente por el
viento, que a esas horas comienza a soplar violentamente, como si supiera la
cruel tempestad que está por venir, tratando de avisar a aquellos pobres
mortales del mal que ve en esos ojos
color azul violeta, tan bellos y profundos como mortales y destructores. Su
cabello plateado se mueve al compás del intrépido viento que se atreve a golpear
su perfilado rostro, tal vez adivinando sus oscuras intenciones y ya estuviera
cansado de ver el sufrimiento y agonía de sus víctimas. La oscuridad de la
noche es su compañera, su fiel amiga que nunca le abandona cuando quiere no ser
visto entre los fuertes troncos de los árboles, que se azotan salvajemente esa
noche.
-¿Ya los vistes?, acaso no son adorable –Afirma una voz
aguda, la de una mujer a un costado suyo.
-Son perfectos, ¿no lo crees? –Habla otro sujeto, esta
vez una gruesa voz, la de un hombre.
-Se ven tan enamorados. –La suave voz de otra mujer se
deja escuchar, siendo arrastradas sus palabras en un melodioso canto lleno de
fingida tristeza–es una lástima que eligieran este lugar, y sobretodo esta
noche para declarase su amor. – sonríe
-Mala elección-Se burla otra.
-Muero por ver sus ojos llenos de terror al ver a su
amado dejar este mundo de la peor forma-Una ansiosa vos se une a las demás,
vestido de la misma forma, todos con una capucha roja que cubre sus cuerpos por
completo, dejando ver solo la mitad de sus rostros, de la nariz para
abajo. -¿ellos serán los elegidos
verdad?, dime que sí y los atrapamos ahora mismo.
Cada Halloween, era la noche tan esperada para salir de
cacería, elegir un sacrificio para su Dios, una pareja de enamorados era la
elegida para llevar a cabo su maléfico crimen. Para ellos no había nada más
complaciente y placentero que ver el terror en los ojos de los amantes al saber
cómo iban a morir, ver sus rostros empapados en lágrimas al ver sufrir a la
persona que más aman. Todo sacrificio requiere almas puras, que más puro que
ese sentimiento que une a dos personas que se aman de verdad. Que más puro que
el propio amor. Esos dos chicos darían la vida por el otro. El ritual sería
perfecto además de lo divertido que
sería el ver sus suplicas anhelando
por el otro.
-Hemos encontrado a nuestro sacrificio -Por fin se deja
escuchar la voz del hombre de cabellera plateada, el líder.
“ No
es a los muertos a los que hay que temerles hijo, si no a los vivos”
Y las palabras de su madre seria lo último que recordaría
al saber su suerte.

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