sábado, 22 de febrero de 2014

II parte ¿Amigo secreto?

Bueno aqui esta por fin la segunda parte de esta historia corta navideña.
Puedes encontrarla también en slasheaven. amor yaoi, hotel bella muerte.
xoxo

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¿Amigo secreto?
Parte II
La navidad es una fecha alegre, emotiva, llena de magia y misticismo para algunos, una época de reflexión y de unión de las familias en torno a la conmemoración del nacimiento del niño Jesús para otros, una extravagancia sin sentido, fanfarronería que no sirve más que para hacer gastar a las personas en adornos pintorescos e inservibles, un día más para el consumismo masivo, para empobrecer a los consumidores y enriquecer a las industrias ;eso era esta fecha para hombres como el castaño de ojos pardos.
Frank nunca ha celebrado la navidad, nunca le ha hecho falta, no es más que otro día en el calendario, sin magia, sin amor, sin nada especial y hasta hace unos años estaba seguro que nunca sería una fecha importante en su vida.
Cada 24 de diciembre desde que tiene memoria; un pequeño niñito veía como su mami y su papi, jóvenes adolescentes con muchos errores y problemas encima, lo dejaban solo con la abuela, mirando como los demás niños la pasaban divino con su familia y recibían muchos regalos de Papa Noel.  En cambio su único regalo era recibir por lo menos un besito en la frente de su mami drogada y un abrazo de su papi borracho para navidad.
No eran malos padres, solo demasiados jóvenes para preocuparse y hacerse cargo de un niño; le decía siempre la abuela. Mira que el tiempo sana las heridas y enseña a hacernos fuertes. El castaño creció y dejó de importarle lo que sus inútiles padres hicieran, lo que el resto del mundo hiciera. Indiferente ante los sentimientos; no hay mejor manera para forjar un carácter.
Pero toda tempe de hielo puede ser derretida con el calor latente de un corazón sincero con la temperatura adecuada de dulzura y pasión.
Así que para un castaño de ojos pardos desde hace 2 años, 11 meses y 24 días.
La navidad dejo de ser una fecha más.


~

Lleva por lo menos media hora en el baño para hombres mirándose en el amplio espejo, su reflejo no es algo que guste de admirar a cada momento, pero la palidez ahora subyugada por un tenue sonrojo en sus mejillas es algo digno de admirar. Vuelve a mojar de nuevo su cara, no le gusta lo que ve. Es demasiado nuevo, demasiado irreal. No recuerda la última vez que un calor tan gratificante y cálido se posara así en sus mejillas, le hiciera avergonzarse, alegrarse y enfadarse al mismo tiempo.
Solamente habían chocado en la entrada al banco, se había disculpado con él, muy abochornado con las mejillas ardiendo mientras le sonreía como siempre, que no era para tanto.
En cambio para Frank todo eso era mucho.
Todo era nuevo, cada sensación, cada sentir cada día, le superaba.
Y todo esto desde su llegada.
“¿Qué demonios me sucede con ese sujeto?”
Posa los brazos en el lavamanos tensando los músculos al dejar caer su cabeza entre ellos, enterrando el rostro, verse con las mejillas tenuemente sonrojadas es una ofensa a su persona, a su indiferencia, a su raciocinio, a su ego.
“Esto es ridículo”
Muy ridículo…..
~
Recordar cuando todo empezó es algo totalmente cliché, un día más lleno de trabajo acumulado,  tecleando y llamando a clientes para que se hagan cargo de sus moras crediticias, estrés fácil de llevar, compañeras de trabajo sonriéndole demás con su típica manera de llamar la atención, su atención. Lo que no terminan de comprender es que es un caso perdido, a Frank no le interesa, ni hacer amiguitas, ni amiguitos.
Con una mirada congelada llena de fastidio, las hace bajar a todas la cabeza.
Con dos años trabajando en el banco y ciertas personas aún no terminan de aprender su forma antisocial y fría de ser, pocos son los que tienen este privilegió, y lo hacen porque es estrictamente necesario por su trabajo.  Y esto se reduce a su jefe inmediato Brendon y el muchachito bullicioso de al lado, que por más que trató de ignorarlo y doblegarlo con su intensa indiferencia, no dio resultado.
Ryan es realmente molesto, habla hasta por los codos y más de una vez ha tenido la placentera visión de pegarle cinta adhesiva en la boca para que la cierre un momento. Pero al imaginárselo con los ojos llorosos al verse imposibilitado de hacer lo que más le gusta que es hablar, desiste de la idea.  Aunque más de una vez ha sentido placer con el dolor de otros. Y no es un secreto que se regocije por dentro al imaginarse haciéndole la pequeña maldad al parlanchín muchachito.
Asqueado ante el ruido y las risas de sus compañeros del departamento de a lado, volteo el rostro más por molestia que por curiosidad, sobre todo siguiendo el austero cosquilleo que una de esas risas le causaba al oído, por como reía podía imaginarse una voz bonita y cálida, agradable de oír. Mirando a todos sus inútiles compañeros haciendo un pequeño grupo y entre ellos se encontraba Ryan, los escruto con la mirada a cada uno, ya dándose por vencido luego de unos segundos de no encontrar nada nuevo y por volver a lo suyo lo vio. Un joven pelinegro de sonriente rostro y delicada figura hacia malabares con las manos como tratando de explicar algo para luego seguir riendo con los demás. Era increíble lo fuerte que se reía y lo contagiosa que podía llegar a ser esa risa.
“Como la de un niño”  pensó Frank sin apartar la mirada del simpático moreno que al sentirse fijamente observado por largo tiempo volteo a mirar hacia al castaño.  Se sostuvieron la mirada unos segundos que ha Frank le pareció una eternidad, teniendo que desviar la mirada al sentirse repentinamente ansioso al notarse descubierto, extrañamente expuesto por esa mirada.

~
-Ross… ¿quién es el sujeto nuevo?
-¡Me estás hablando Frank!–Ryan le miro poniendo cara de no poder creerlo-Wow hombre yo sabía que podías hablar-Con los ojos enormes se llevó una mano a frente-Mierda, perdí la apuesta.
-…….
-..No es justo tío, ¿porque tenías que hablarme justo ahora?-Le miro acusatoriamente.
-Me quieres decir….¿de qué estás hablando?-Le pregunto entre dientes comenzando a perder la paciencia.
- Bueno…veraz -Se le acerco rodeándole con un brazo los hombros amistosamente-Allá en el depa de operaciones,  le aposte a unos tíos que eras un tímido, un dulce chico antisocial que le daba terror hablarle a los demás y que al único que le hablabas era a Mi Brendon porque no te quedaba de otra y ellos apostaron que no eras más que un creído gruñón cae mal…. pero me estás hablando y justo ahora uno de ellos me está mirando.
-Eres un idiota-Murmuro lanzándole una airada mirada asesina.
-Puff ya está, paz y amor Frank-Le dijo alzando las manos al aire y sonriendo enorme-Mejor dime…¿Qué me querías preguntar?
-Ya no sé si fiarme de ti.
Ryan lo miro con enojo fingido hasta que en ese momento su visión fue presa de la figura del moreno saliendo de una oficina, pasando cerca de ellos absorto en unos papeles que llevaba en mano, le fue imposible por una razón desconocida quitarle la mirada encima hasta que lo perdió de vista.
-Lindo ¡eh!-Sintió como el otro lo codeaba al notar su inquisitiva mirada puesta en el otro hombre.
-Humm….-Desvió la mirada sintiéndose molesto por quedarse como idiota viendo al sujeto ese por más del tiempo requerido-¿Quién es?-Pregunto luego de carraspear por largo  rato y reprenderse mentalmente, pero vale que la curiosidad por conocer más de ese moreno pudo más que llegar a quedar descubierto su interés.
-Es el nuevo chico de Bryar, se llama Gerard y tiene 25 años, es simpatiquísimo y es muy guapo-Sonrió coqueto guiñándole un ojo-Lo malo es que mi corazoncito ya tiene dueño-Suspiro volteando a mirar a Urie quien amonestaba a un empleado en el pasillo.
Chico de Bryar
Chico de Bryar
Chico de Bryar sonaba como amante de Bryar
Frank bufo repentinamente molesto retirándose y dejando a Ryan babear mirando a Brendon.
Y a él que jodidos le interesaba si era o no el amante del rubio ese.
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Desde ese día que era casi imposible ocultar el interés por el moreno, siempre observándolo en silencio con sus ojos pardos imperturbables, admirando sus sonrisas, su forma de hablar haciendo muecas con su cara y moviendo las manos para todos lados, la forma de caminar tan sutil y delicada, su cuerpo estilizado, su pelo azabache, sus ojos verdes….. todo ese tiempo que perdía mirándolo secretamente era una completa agonía, un descontrol en su siempre estable y fría forma de vida.

Le tomo tres meses comprender lo que le sucedía con ese impertinente moreno ruidoso.  Y fueron los tres meses más tortuosos y agónicos que hasta ahora le ha tocado vivir. ¿Cómo comprender un sentimiento desconocido? ¿Cómo reaccionar ante las nuevas sensaciones? El amor,  hasta ahora un mito, un tabú en su vida, un sentimiento que siempre le pareció por demás patético e innecesario. 
A Frank siempre le ha gustado controlar todo su entorno, así como todo lo que tiene que ver con su descuidado corazón. Cubriéndolo siempre con una enorme capa de hielo para que nunca sea destrozado, lastimado. Aunque nunca lo haya sido porque no lo conoce, desconoce de lo que siempre ha carecido. Ya no es un niñito que sufría por la indiferencia de sus jóvenes padres, ahora poco le interesan estos, aprendió a ver la vida a su manera, de forma fría y ordenada, de una forma despiadadamente controlada.
Y ahora para Frank la descripción más cercana a lo que es sentir, a lo que es querer; tiene el cabello azabache y los ojos verdes. 
~
Quiso matar a Ross cuando se enteró que en realidad Gerard no era nada de Bryar. Y fue tan molestamente placentero saberlo que por las emociones alborotadas en su cuerpo, no cumplió con dejarle un puñetazo bien merecido en la carita de niño bueno de Ryan por hacerle sufrir creyendo erróneamente todo ese tiempo.
Si tan solo el relacionarse fuera tan sencillo como se mira, es estúpido ya lo sabe pero le es inevitable no saber comportarse cuando está en presencia del moreno, su cuerpo le desobedece y no se comporta como debería; se le tensan los músculos cada vez que lo tiene cerca, no le sale la voz cuando este lo saluda cuando lo ve, la respiración se le altera siempre que percibe su suave aroma embriagando cada poro y espacio de piel y cuando este le mira fijamente simplemente su cerebro deja de funcionar.
“Idiota, idiota, idiota” se repite cada vez que le suceden estas cosas, por lo cual lo único que puede hacer es poner mala cara, enojarse, fastidiarse pero no con el moreno, sino consigo mismo, se siente furioso consigo por su comportamiento tan inmaduro y aniñado ante estos casos.
Diciembre llega y con ella ese extraño juego. ¿El amigo secreto? Frank quería reírse, pero que ridiculez.  Aunque cuando abrió ese papelito y entonces lo vio.  Vio como una revelación la manera de acercarse a él, tantos semanas de desvelo soñando con un cuerpo y un rostro que hasta ahora era imposible incluso ilusionarse con su nombre. Hoy veía la manera perfecta para acercarse a él, a su moreno de ojos verdes.
La maldita navidad y el maldito ridículo jueguito. Quién lo diría, dos cosas que siempre ha despreciado y ahora estos lo acercan al amor.
Esa noche llamo a Ryan teniendo ya en su cabeza todo planeado para abordar a Gerard ese día. Cada día le enviaría un regalo que el moreno no pudiera despreciar, con una nota en la cual escribiría parte de los sentimientos y deseos que le han estado mortificando a lo largo de los seis meses que tiene de conocerle.
-Me dirás quién te salió-Pregunto por el teléfono el castaño fastidiando-Vamos si me dices yo te cuento quien me salió a mí.
-No fastidies Ryan, ¿para que querría saber yo quien te salió?-Pregunto mordaz, mientras envolvía los chocolates que le había comprado a Gerard de camino a casa, sabía que le fascinaba esta golosina, una vez lo vio comiéndolos a escondidas en el trabajo- Necesito información…sobre…sobre tu amigo.
Hubo un incómodo silencio en el cual solo se dejó escuchar la risita estrangulada de Ryan.
-¿Y qué quieres saber? 
-Bueno…. cosas…..
-Humm vaya que eres explicativo.
-….
-Bueno a Gerard le encantan los dulces de todo tipo de sabor pero más los chocolates, se muere por estos, a cada maldito momento tiene antojo de estos, es peor que una mujer embarazada-Ryan hizo una pausa comenzando a reírse de sus propias palabras y Frank solo rodaba los ojos, era tan insoportable, se preguntaba como Gerard lo aguantaba-Le gusta el café …….
Frank se preguntaba si tener a Ross tan cerca de Gerard y como amigo era buena idea, sin mucho preámbulo le había soltado toda la vida del moreno, cosas como que por las mañanas detesta bañarse con agua caliente, prefiere la helada para terminar de despertarse, que numero de zapato calza  cosa que fue bastante raro porque Ryan comenzó a reírse luego de darle esa información, recordándole a cada momento que calzaba un número grande, el nombre de sus padres, hermano, la dirección de su departamento y la casa de los padres ¿? etc…..
Suspiro frustrado ante tanta información y detestando en silencio a Ryan por conocer tanto de Gerard…
¿Seguro que solo eran amigos?.... así como ese pensamiento llego lo desecho, no podía ni siquiera imaginárselo porque comenzaba a hervir por dentro.
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Ese lunes fue toda una experiencia ver la carita de su moreno, completamente roja como una deliciosa cereza al recibir su regalito y tarjeta. No sabía cómo le gustaba más, si sonrojado o enojado, secretamente pensaba que se veía demasiado sexy cada vez que se alteraba molesto por sus desplantes no intencionados.
El día de la cena quedo deslumbrado, Gerard se veía realmente bien, realzando lo guapo y atrayente que es. Esa noche fue imposible quitarle los ojos de encima, estaba como hipnotizado, encandilado, embobado, demasiado enamorado.
Pero todo espejismo se fue abajo cuando miro como Ryan coqueteaba a lo descarado con él, como lo tocaba cada vez que este se prendía de su cuello, olía su aroma, se robaba su atención, su cercanía….fue demasiado, nunca en su vida había sentido tanta repulsión y enojo.  Se sintió tan posesivo del moreno que si pudiera lo encerraba en su departamento para que nadie jamás lo volviera a ver, a tocar, a siquiera respirar su mismo aire. Esa noche conoció los celos más amargos y agrios que nunca hubiese sentido.
Gracias a todos esos sentimientos retorcidos y homicidas pudo acercarse y hablarle por primera vez, no pudo evitar ser distante y frio. Esa era su forma de ser, el hecho que le quisiera no cambiaba que él quisiera cambiar de personalidad.
Cuando Gerard casi se cae, gracias a la descoordinación de sus pies y a lo sumo los muchos cocteles que se había tomado esa noche, la preocupación lo embargo como agujas clavándose bajo su piel y el enojo anterior desapareció al contemplarle tan cerca, tan perfecto.
Lo llevo a su casa y no pudo evitar sentirse placenteramente bien al intentar controlarlo a su manera.
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A solo dos días para revelarle a Gerard que él era su amigo secreto, quien lo diría, fue toda una sorpresa averiguar que él también era el amigo secreto de Gerard.
¿Destino o coincidencia?
Ahora comprendía porque nunca le habían hecho un presente, aunque ese detalle poco le importase. Era más que obvio que Gerard no le dejara nada ya que él nunca se había comportado agradable con él, aunque este último no conociera la causa de su errado comportamiento.
Con una sonrisita burlona en su rostro tomo a su felino entre sus brazos, un lindo y adorable gatito amarillo con blanco, de aspecto tigriado. El único animal que siempre le había parecido enigmático y misterioso, tan calmado y controlado para ser su mascota. Lo que más le gustaba a Frank de su mascota eran los enormes ojos grises, tan fríos y duros como dos glaciales. Hermosos.
-Calipsto, creo que me detesta-Le dijo a su gato que solo lo miraba con sus enormes ojos grises de manera desinteresada-Pero no importa, ya me perdonara.
Acaricio la cabecita afelpada del gato que comenzó a ronronear ante las caricias de su amo.
-Solo falta hacerlo enojar una última vez-Le dijo a su gato que solo comenzó a miagar queriendo soltarse y saltar a los muebles, Frank voltio a ver el enorme peluche que le había comprado y que mandaría al siguiente día-Espero que a nuestro moreno le guste nuestro regalo.
Menciono con una sonrisa sincera colgando de sus labios, estrujando a Calipsto que comenzó a molestarse ante la falta de tacto de su dueño.

~
El día de la entrega de regalos llego y Frank salió más temprano, dejando un mensaje con Ryan para que le entregara a Gerard.
Al verlo salir del Banco completamente furioso supo que su plan había funcionado, encendió el auto y comenzó a seguirlo entre las sombras a una distancia prudente como un ladrón, acecharlo como un animal salvaje a su presa.
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“Maldito, maldito y mil veces maldito Frank” es que todos los dioses y el universo entero debían odiarlo, ¿porque tenía tan mala suerte? Ya tenía suficiente con un idiota enviándole regalos y tarjetitas cursis y subidas de tono, lo más seguro para burlarse de él a escondidas luego de ver como se abochornaba y de alguna manera se ilusionaba. Y ahora tenía que lidiar con el insufrible de Frank Iero, despreciándole enfrente de TODOS su regalo y para colmo había dejado su auto en un taller para unas modificaciones y la noche de navidad tendría que caminar a casa solo a altas horas de la noche, con frio, con hambre, con bronca y con un nudo en la garganta que le indicaba que en cualquier momento se echaría a llorar.

Y como si la noche no pudiera ponerse peor sintió como se le erizaba cada poro de la nuca terminando con un desagradable escalofrió.  Detrás de él venía un auto con las luces apagadas con la velocidad mínima para no pasarlo.
Lo venían siguiendo.
Gerard aligero el paso, comenzando a ponerse nervioso, sin querer voltear hacia atrás y darse cuenta del terrible lio en el que estaba metido. Es que no salía de uno para entrar en otro.  
Luego de unas cuadras el auto se posiciono justo a su lado.
“Pero qué demonios”
El oji-verde se visualizó diferentes escenarios en ese momento: un tío cualquiera bajando la ventanilla con cara de psicópata y depravado sexual ofreciéndole jalón, el negándose, el sujeto obligándolo  a montarse con algún tipo de arma, llevándolo a algún tipo de callejón oscuro y siniestro, para luego someterlo y hacerle todo tipo de bajezas.
Y la hermosa dermis inmaculadamente blanca paso a ser pálida en segundos.
 “Oh venga que pedazo de regalo” pensó irónicamente que se iba terminar llevando es noche.
Cuando estaba a punto de tomar una decisión sin saber qué realmente hacer; si echarse a correr,  llorar, reír histéricamente o encarar al malhechor y se decidiera a qué hacer con él; porque cualquier cosa era mejor a que lo estuviera matando de nervios,  las luces se encendieron, la ventanilla dejo ver el rostro del sospechoso acosador y  se llevó el peor susto de su vida.
-¿Necesitas que te lleve?
-…..¡IERO!
Que alguien le pellizque, le eche un enorme balde de agua helada encima. Y le saque de esa horrible pesadilla de la que era objeto hace unas horas.
Es que tenía que ser una broma, una JODIDA y horrible broma.  La peor de todas de hecho.
Un momento….¿Iero le estaba sonriendo? Vaya que eso era nuevo.
Pero aun así, Frank Iero era la persona que menos quería ver en ese momento.
-¿Qué me lleves? –Le mira incrédulo, sin poder creerlo aún, con los ojos abiertos al máximo, sintiendo como el asombro y el miedo inicial menguaban dándole paso a la furia que poco a poco comenzaba de nuevo a calentar cada fibra de su ser- acaso te has vuelto loco…
-Por supuesto que no...
-Me querías matar de un susto… ¿es eso entonces?
-…No sé de qué me hablas…-Le miro inocente por un rato borrando su sonrisa para luego regresar a su máscara de indiferencia de siempre-¿Solamente te estoy ofreciendo llevarte a tu casa?
Gerard bufo molesto, comenzando a caminar más rápido sin prestarle atención. No entendía el jueguito de Iero. Primero lo trataba mal públicamente y le huía como si apestara o llevara una peste encima, segundo le rechazaba el regalo, lo desprecia públicamente de nuevo, ahora lo acosa y persigue con una enorme calma….con esa indiferencia tan fría que ya lo tiene arto, cansado, molesto. No puede ser más cínico y cabron el chaval.
-Gerard está haciendo frio, súbete al auto.
-Déjame en paz.
Lo que más detesta es que tiene razón, solo lleva encima una camisa delgada de botones blanca, un pantalón ligero de tela negra, una bufanda multicolor como único recurso que realmente le brinda calor. Es navidad y hace un frio de cojones.  Mira al castaño de reojo ¡cómo le odia! este va muy bien abrigado, hasta guantes lleva.
-Vamos hombre, deja de ser tan testarudo y deja que te lleve a casa, hace frio y es peligroso que vayas solo caminando a estas horas.
-No todos son unos depravados como tu Iero, no creo que otro loco quiera pararse a mi lado con las luces apagadas y sacarme un susto de muerte.
-No te creas- Le dice con una nueva sonrisita dibujada en el joven rostro. Gerard deja de mirarlo maldiciendo más para sí mismo, sobre todo por pensar que se ve bonito sonriendo, que debería hacerlo más seguido. Es el colmo, debe recordarse mil veces que lo odia y punto.
Unos minutos más y la poca tolerancia y paciencia que ha tenido Frank comienza a irse por donde vino. Ese moreno, engreído, ruidoso, alegre y bonito…solo le falta agregar testarudo…muy testarudo. Está a solo dos pasos de bajarse del auto y obligarle a que se suba. Vale que la bromita sobrepaso un poco, tal vez no debió rechazarle el regalo en público y mucho menos asustarlo de esa manera con el auto, pero ya está. Ahora que se suba ¡Maldición! ¿Qué debería hacer? Se pregunta Frank. ¿Pedirle perdón? Nunca lo ha hecho, pero entre tantas cosas nuevas que ha experimentado hasta ahora por culpa de ese oji-verde testarudo, esta solo sería una ironía.
Se pasa una mano por el cabello castaño comenzando a impacientarse y ponerse nervioso.
-Gerard…sube y así aprovechas y me das mi regalo.
-¡A claro!..¿Ahora si no?  Muy bonito-Una mirada furiosa cruza el hermoso rostro, empuñando los puños para no gritarle unas cuantas cosas-Que sepas…IERO que tire el regalo en el primer basurero que encontré.
Frank no le dice nada, solo le mira unos segundo para luego acabar riendo a carcajadas sueltas, como si lo que había salido de su boca fuera la cosa más graciosa del mundo.
“¡Sera cabron! Encima se burla”
-¿Sabes qué? Paso de ti.
Más molesto que nunca aligera el paso retándolo con la mirada pero antes de darse cuenta da un paso en falso y todo termina allí.
-Ahhhhh
Tirado en la cerámica en la acera de un Hotel,  se lleva las manos a su tobillo izquierdo, reprime un gemido de dolor mientras las lágrimas le inundan los ojos.
-¡Gerard!...!Mierda!…¿te encuentras bien?
Sin saber a qué horas el castaño se bajó de su auto a auxiliarlo, negó con la cabeza, vaya nochecita la que le esperaba.
-Me doble el tobillo…y me duele.
-Déjame ver. 
Las tatuadas manos del castaño quitaron las suyas con suavidad y con mucho cuidado tomo su tobillo, quitando el zapato y luego el calcetín. Sintió enrojecer al sentir la piel de su pie siendo tocado por los agiles dedos de Iero, con sus ojos verdes repaso el rostro preocupado de Frank, notándolo concentrado en su tobillo, notándosele una leve capa de sudor cubriendo su frente.
¿Pero hace frio? Pensó Gerard sin entender y terminar de reconocer el estado de preocupación en el que se encontraba el chico tatuado.
-Solo fue una leve torcedura, nada grave.
El oji-verde asintió mordiéndose los labios, leve pero aun así dolía como una hostia pensó Gerard. 
-F..r..ank..¿q.que haces? –Se agito al ver como Frank lo tomaba en brazos y alzaba como a una damisela, sintiéndose desfallecer de vergüenza y al mismo tiempo sintiéndose demasiado bien verse entre esos brazos tatuados cubiertos y fuertes.
-Te cargo, no dejare que te lastimes al intentar caminar.
Sin ninguna palabra más y sin reproches de por medio término dentro del auto rojo de Frank, con rumbo a casa de este.
No quiso replicar nada más cuando el tatuado con toda convicción le dijo que debía asegurarse personalmente que ese tobillo realmente no necesitaba ser visto por un médico y que el mismo quería untarle una pomada que el tenia efectiva para ese tipo de torceduras.
Al llegar a casa de Iero, este lo volvió a cargar hasta la sala, reviso de nuevo el tobillo y unto la pomada en este, que ya se encontraba levemente hinchado.
-Espera un momento, ya vengo.
Ya habían pasado algunos minutos, el pelinegro comenzaba a impacientarse, con sus claros y vivaces ojos repaso la sala de estar de la casa de Frank, era bonita, grande y amplia, aunque para su gusto demasiado arreglado y limpio. Ese lugar brillaba de limpio. Cada cosa muy bien alineada en su lugar.  Suspiro dejándose caer en unos cojines, cogió uno y lo abrazo.
Quien lo iba decir a solo 45 minutos para navidad, y se encontraba ahí con el tobillo doliéndole, con hambre, lejos de su familia, en casa de ese sujeto que hasta hace poco le caí tan mal, antes porque ahora ya no estaba tan seguro…
Un nuevo susto se llevó al ver una bola de pelo amarilla saltar sobre él.
-Pero mira nada mas-Cogió al gato en sus brazos-y este hermoso minino ¿Quién es?
-Se llama Calipsto.
Frank regreso cambiado con una simple camiseta de manga corta y unos vaqueros desteñidos y rotos. Gerard no pudo evitar que sus curiosos ojos recorrieran los tatuados brazos, maravillándose con las vistas.
-Calipsto-Quito sus ojos del cuerpo de Frank y miro los grises ojos del gatito-Tú y tu amo tienen el mismo enfermizo placer en sacarme sustos.
El gato solo miago y comenzó a restregarse en el regazo del pelinegro.
-Parece que le gustas.
-Eso creo-Sonrió Gerard estrujando a Calipsto que raramente no maulló molesto sino lo contrario ronroneo alegre. Frank miro a su gato con disgusto, cuanta suerte tenía.
-¿Tienes hambre? –Pregunto acercándose a Gerard, mordiéndose las mejillas por dentro porque esperaba que dijera que sí.
-La verdad…muero de hambre-Murmuro avergonzado.
-Genial.
Y con una enorme sonrisa se le acerco y lo tomo de nuevo en brazos para llevarlo al comedor.  Gerard todo abochornado protesto diciéndole que podía caminar más sin embargo Frank no perdería la oportunidad de cargarlo y tenerlo tan cerca, de oler esa deliciosa fragancia frutal que desprendía natural de su cuello.
En el comedor los esperaba una mesa repleta de comida, desde vino de uva hasta las comidas más tradicionales navideñas.
Gerard no podía creerlo en qué momento Frank…….
-¿..Como..?
-Bueno….contrate a alguien para que hiciera la cena..-Tomo aire para soltarlo todo de golpe-Yo..emm perdona que te hiciera pasar por un mal momento en el Banco, pero necesitaba alguna excusa para que cenaras conmigo esta noche. Yo…yo quería pasar navidad contigo.
Sin palabras, así era como se sentía Gerard. En esa mesa había desde pavo horneado hasta cerdo, sándwich, vino y bueno…tanta comida.
-Te lo agradezco, la comida se ve deliciosa, pero Frank –Le miro a los ojos abochornado-¿No crees que hubiera sido más fácil si me lo hubieras pedido?...digo nos hubiéramos ahorrado tantos dolores de cabeza, desde mi enojo hasta mi tonta caída.
-Gerard ..¿Hubieras aceptado cenar conmigo? –El moreno le miro con duda en los ojos-Déjame responder por ti, no lo hubieras hecho.
-Pero…
-No Gerard, hubieras querido hacerlo junto a tu familia que conmigo, además hasta hace rato me odiabas.
-Bueno… tu solito te has dado ese merito-Le recrimino.
-Lo sé, todo tiene un ¿Por qué? ahora solo….cena conmigo sí.
Gerard no pudo evitar asentir y de alguna manera sentirse alagado, él quería cenar con él, una cena solos, más íntima. Y eso le gustaba y las mejillas ardiendo se lo comprobaron.
Todo estaba completamente delicioso y ni decir del postre, una tarta de tiramisú.
-Faltan solo 10 minutos para navidad.
Gerard miro a Frank y asintió contento, este se levantó y lo cogió en brazos de nuevo, esta vez se dejó hacer gustoso, total a Frank parecía no molestarle hasta diría que le complacía hacerlo, y bueno a él tampoco le molestaba que lo mimaran tanto.
En la sala lo dejo en medio y le dijo que no se moviera de ahí, lo miro volver con las manos escondidas atrás de su espalda, se le veía nervioso.
Sin entender que pasaba enarco una ceja preguntándole con la mirada.
-Gerard… eres mi amigo secreto-Con voz profunda y ronca lo soltó, dejando ver su regalo en sus tatuados dedos.  Había estado tan ansioso y nervioso por ese día, que hasta sentía asfixiarse, pero una vez las palabras salieron de su boca, todo tuvo sentido y el lugar dejo de girar y pudo respirar más tranquilo. A pesar que por dentro se hubiese estado muriendo en el exterior no se notaba, sabía muy bien cómo controlar sus propias emociones, pero aun así era un alivio salir de eso.
-¿Qué?
-Tómalo.
Gerard miraba confundido e incrédulo la cajita aterciopelo color negro que el castaño le alzaba, debía estar bromeando. Frank su amigo secreto. ¡Dios! Ironías de la vida o Karma.
-Has..has sido vos todo este tiempo.
-…….Sí.
-…¿Pero cómo?... todas esas tarjetas, chocolates….el gato gigante-Cerro los ojos queriendo desaparecer, llorar en algún rincón, reír o pegarle por maldito, eran muchas emociones juntas- Te has estado burlando de mi todo este tiempo.
-¿Qué?
Frank le miro confuso, acercándose  y tomándolo de los hombros…¿Qué pasaba por esa cabecita ahora?
-..¿Porque te burlas de mí así? –Con vos congestionada y los ojos de nuevo aguados en lágrimas le miro…
Era tonto. En vez de enojarse y golpearlo por todo lo que le hizo pasar en esas semanas, se ponía mal. ¿A que jugaba Frank? ¿Tanto le afectaba que el castaño fuera su amigo secreto?
Esas tarjetas le abochornaban, le daban vergüenza, le gustaban, le ilusionaban, le incitaban. El castaño siempre se había comportado hostil con él, ahora cambiaba mirándolo con esos ojos color caramelo tan fijamente, como si fuera lo mejor del mundo, lo trataba como si de una pieza de cristal se tratara, y la cena tan bonita. No entendía.
Suspira profundamente, negándose a sí mismo, no se va enojar ni entristecer, va dejar que IERO le explique…porque no quiere creer que este solo lo hizo para molestarle y tal vez después que haya caído en su trampa rompa a burlarse porque él nunca le dejo un regalo en venganza.
-Frank …¿Por qué haces todo esto?...esas tarjetas-Se sonroja inevitablemente.
-Esas tarjetas solo decían y sacaban al exterior lo que creo de ti, lo que siento.
-¿Lo que sientes?
-Me gustas Gerard…mucho-Le mira seriamente, esperando que sus ojos dejen de ser fríos por esta vez y exterioricen lo que en verdad siente-Y no me preguntes más porque es difícil para mí todo esto.
-Lo..lo dices en serio.
-Sí, ahora por favor recibe mi regalo.
Mas sonrojado que nunca lo acepto. Una cajita aterciopelada color negro de tamaño medio. Al abrirla sus ojos brillaron del mismo color que la piedra que había dentro.
-Yo..yo Frank..
El castaño le miraba algo ansioso, esperando ver una enorme sonrisa en el blanco rostro, en esos hermosos labios rosas.
-…no puedo aceptarla.
-…¿Qué?
No podía creer lo que estaba escuchando.
-No puedo.
-No te gusto.
Afirmo comenzando a molestarse, como era posible, tanto que se había molestado pensando en que darle.
-No es eso Frank…es…es hermoso…..demasiado.
-Entonces…¿?
-Es demasiado costoso, no puedo aceptarlo Frank.

Dentro de la cajita se encontraba un brazalete de oro blanco con una hermosa esmeralda de centro, brillando en el mismo tono que los ojos de su moreno. Desde que Frank la miro en esa joyería, lo supo. Ese era su regalo. Ese brazalete solo su hermoso moreno podía usarlo y reflejar su belleza sin verse opacado por la hermosa piedra de un tamaño medio, ni muy pequeño ni muy grande. Era perfecta y nada le recordaba más sus ojos verdes que tanto le gustaban y enamoraban que esa esmeralda.
-No debiste gastar tanto.
-Tengo ahorros.
Con una sonrisa bailando su joven rostro, el chico tatuado tomo la cajita, saco el brazalete y lo coloco en la elegante y fina muñeca de Gerard.
-Perfecto, así se mira en tu muñeca y no quiero que me la devuelvas, porque enserio me voy a enojar.
Frank hablo tan serio y neutro que Gerard no se dio el gusto de dudar de su palabra, era cierto, el castaño se enojaría y mucho.
-Me da tanta pena-Gerard se tapó la cara con las manos-Lo que yo te iba dar es tan insignificante-Murmuro.
-Esos pequeños hilos de leopardo, pues yo creo que son sexys.
Gerard se sorprendió, mirando alucinado al castaño, estaba por preguntarle como sabia….
-Te vi cuando tiraste el regalo y lo recogí-Le dice encogiéndose de hombros.
-Oh Dios, esto es tan vergonzoso-Se volvió a tapar la cara.
-Está bien Gerard…-Estaba más que claro que Gerard había comprado esas tangas solo por molestarlo, pero el castaño al verlos supo qué tipo de usos le daría-lo que yo quiero de ti…es otra cosa.
Antes de que Gerard preguntara, este le tomo de la cintura, acercándolo a su fuerte cuerpo, dejando que el sonrojado oji-verde se acoplará a su cercanía.
De nuevo esos ojos, tan certeros y letales, tan fríos e intensos, ¿cómo podía una solo mirada doblegarlo de ese modo? Estremecerle el cuerpo, someterlo a su voluntad. La sensación era demasiado placentera y Gerard podía afirmar que si Iero podía derretirlo con esos fríos ojos pardos, que mas no podría hacer con él. 
Sin oponer resistencia se dejó besar, sintiendo los labios calientes y fríos del castaño, envolviendo los suyos con lentitud, una tenue caricia enloqueciéndole, hasta que la vivaz y húmeda lengua entro en juego e invadió su boca. El beso tierno y lento de un momento a otro se volvió voraz, demandante, posesivo, hambriento. Con la respiración agitada y sintiendo asfixiarse porque Frank no le daba tregua a respirar, prácticamente se comían la boca y jamás nadie le había besado de esa manera tan primitiva, tan arrebatadora. Le gusto demasiado, le encanto, y con un gemido por parte suya y un gruñido por parte de Iero, terminaron el beso.
-No sabes las ganas que tenia de besarte-Con la voz rota le comento Frank, con sus frentes unidas, respirando el mismo aire, mirándose a los ojos, oliendo la fragancia del otro-En verdad me gustas, no sabes cuánto.
-Yo…tú también-Con una sonrisita coqueta y juguetona se apartó un poco-Entonces esto es lo que querías de mi ¿eh? Comerme la boca…lo tenías todo planeado-le acuso haciéndose el molesto.
Frank le miro intensamente sonriendo de lado, ante la juguetona mirada de su moreno. Se acercó y volvió a besarlo, bajando al cuello del moreno, oliendo el aroma frutal que le erizaba la piel y lo ponía completamente excitado, completamente duro. Gerard acaricio los brazos tatuado que tanto le prendían, sintiendo la suave piel a su tacto, palpando los músculos, apretando sus dedos queriendo dejar marca. 
Un gruñido de Frank se deja escuchar al tiempo que lo chupa y marca en el cuello, dejando una hermosa y posesiva marca en la piel inmaculadamente blanca. Sube a la oreja y susurra roncamente.
-Te equivocas Gerard, de ti lo quiero todo.
Lo tomo de los muslos y este envolvió sus piernas en la cintura de Frank igual que los brazos en su cuello.
Con un nuevo beso fiero se perdieron rumbo a la habitación del castaño, donde dejarían que todo saliera, sus bajos instintos se harían cargo de deshacer todo los malos momentos que pasaron antes, todos los malos entendidos, las indirectas, los enojos, los celos. Todo.
En el cielo se escuchaban los juegos artificiales, los gritos de las personas, ya era navidad y a Frank y Gerard esto poco les interesaba, no había nada más importante que amarse todo lo que restaba de noche y todo el siguiente día.    
~
Tres años después la navidad era su época favorita, el pelinegro siempre fue muy tradicional conforme esta época, y Frank siempre terminaba siendo arrastrado por Gerard hasta su casa y lo obligaba a celebrar la navidad junto a toda su familia.
Frank aprendió a mirar la fecha de otra manera, incluso comenzó a gustarle ver tanto adorno y fanfarronería festiva por todos lados, todo eso le recordaba la sonrisa de su moreno, el día que le confeso sus sentimientos, y el día que comenzaron una relación.
-Feliz aniversario y feliz navidad amor-Gerard elevo una copa hacia la de su castaño haciendo un brindis.
-Feliz aniversario-Se acercó y le robo un beso demándate dejando agitado a su novio-y Feliz navidad también cariño.
“un te quiero” resonó en la habitación, cuando por fin se habían escapado al cuarto de Gerard, lejos de la ruidosa familia de su moreno de ojos verdes.


  


Fin.







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